martes, 26 de mayo de 2026

Islas de Galicia VIII

         Llegamos hoy a la ría de Pontevedra, a cuya entrada se encuentra el archipiélago de las Ons, integrado por la isla de Ons, la mayor de las que lo conforman, la isla de Onza y una serie de pequeños islotes.

         La isla de Ons tiene una superficie superior a las 600 hectáreas y pertenece al municipio de Bueu, porque los colonos que allí se asentaron procedían de esa localidad, aunque Sangenjo, que se encuentra más próxima, intentó hacerse con su control, sin lograrlo. Su cota más alta es el Alto du Cucorno con 128 metros.

 

         La isla ha estado habitada desde la antigüedad. A mediados del siglo XX llegó a tener 530 habitantes, aunque en la actualidad son unas 80 personas, que residen en 9 aldeas.

         La isla era propiedad de los reyes de Galicia, que, en 899, la donaron al arzobispo de Santiago. En el siglo XVI pasó fue adquirida por la familia Montenegro. En el XVIII era del conde de Maceda y, en el XIX pasó a manos del marquesado de Villadares que, en 1917, la vendieron a D. Manuel Riobó.

         La II República intentó expropiarla, para establecer allí una colonia de vagos y maleantes y aplicar la ley de Reforma Agraria, lo que provocó el suicidio de su propietario, a pesar de ser de convicciones republicanas.

         En 1943, fue expropiada por el Gobierno, abonando un justiprecio a los herederos de Riobó y, en 1982, fue transferida a la Xunta de Galicia, a pesar de lo cual sigue sin resolverse el problema de sus habitantes, que siguen teniendo la consideración de colonos, sin ser propietarios ni de sus casas ni de las tierras que cultivan.

 


En 1848, el sexto marqués de Valladares construyó una capilla, dedicada a San Joaquín, cumpliendo una promesa que había efectuado. En torno a ella, actualmente en mal estado (aunque va a ser restaurada), se encuentra el cementerio. Hay un templo nuevo, situado en O Curro, el núcleo principal de la isla, bajo la misma advocación, en el que destacan los azulejos de su fachada.

 


         En la isla se encuentra un faro, inaugurado en 1902, sobre la base de otro anterior, construido en 1868. Curiosamente, es uno de los pocos faros de España que continúan siendo atendidos por fareros, que disponen de un buen edificio, en el que se ha construido una sala museo en la que se conserva el patrimonio histórico del servicio desde sus inicios.

         Para quien esto escribe, la isla está asociada al recuerdo de las navegaciones que, a bordo de los buques de la Escuela Naval Militar, realizábamos hasta allí, en el transcurso de los pequeños cruceros de instrucción que constituían nuestras primeras experiencias náuticas.

 


Formando parte del mismo archipiélago se encuentra, como hemos comentado, la isla de Onza que tiene una superficie de 32 hectáreas, siendo su cota más alta de 68 metros. Está deshabitada y en ella anidan muchas aves marinas.

 

         Su nombre está asociado a la tragedia acaecida el 23 de octubre de 1952, cuando el remolcador RA-1 Cíclope, adscrito a la Escuela Naval Militar, regresaba a su base, en medio de un fuerte temporal, arrastrando un blanco utilizado en práctica de tiro.

         A la altura de la isla, le fallaron las máquinas y terminó embarrancando, ocasionando la muerte de siete hombres de los que componían su dotación. Entre los fallecidos se encontraba el comandante, un contramaestre y un sanitario.

         El buque había sido botado en Glasgow en 1919, con el nombre de St. Clement. Tenía 43,50 metros de eslora y 8,85 de manga, siendo adquirido por la Armada en 1921. Durante su vida activa realizó destacados servicios. En el desembarco de Alhucemas remolcó a las barcazas en las que iban las tropas hasta la playa. En 1929 fue quien remolcó al histórico submarino Peral, desde La Carraca a Cartagena.

         A comienzos de la guerra civil, cuando lo mandaba el que más tarde sería Almirante de la flota republicana D. Miguel Buiza, fue hundido en Cartagena por la aviación nacional. Tras ser reflotado, en 1942 fue destinado a la Escuela Naval Militar.


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