D. Fernando Aguilar Rubio nos ha traído un documento especialmente interesante, descubierto por D. Enrique Arrechea, de Gestión Forestal del Gobierno de Aragón. Se trata del “Proyecto de Repoblación del monte denominado Muela Alta y Baja de Borja” y lleva fecha de 1896.
Hasta ahora, siempre que hacíamos alusión a la repoblación del Santuario de Misericordia, nos referíamos a la realizada durante la Dictadura de Primo de Rivera, pero desconocíamos por completo la que, en ese año de 1896, inició el Distrito Forestal de Zaragoza.
El interés de
este documento radica, tanto en la descripción de la forma propuesta para la
repoblación, como en los antecedentes históricos que ofrece. Hasta ahora, la
única noticia que teníamos sobre el estado de la Muela era la proporcionada por
Rafael García quien, en su obra Datos Cronológicos, afirmaba que el 6 de
agosto de 1738 se quemó completamente la Muela baja. Ramón Manuel Garriga en la
historia del Santuario, que publicó en 1902, hace alusión a las plantas de
diferentes especies que crecen en el monte, pero no hace la más mínima mención a
la existencia de arbolado y, por otra parte, las fotografías que existen de esa
época muestran un paisaje desolado en el monte.
El proyecto que
estamos comentando señala que las dos Muelas se encontraban “desprovistas de
toda vegetación arbórea y arbustiva, presentando el aspecto de un extenso
calvero”.
Achacaba esa
situación a los incendios provocados, en 1707 por el ejército austracista, y en
1811 por los franceses. Originalmente, afirma que estuvieron poblados de carrascas
y encinas y material alto de coscoja, llegando a desaparecer “hasta en sus
raíces los mermados restos del segundo incendio”.
Habría que
intentar documentar esos dos incendios, de los que no conocíamos su existencia,
pero de lo que no cabe duda es que ambas Muelas estaban desprovistas de vegetación.
Para paliar esa
situación, el Ingeniero Jefe Faustino Bellido, proponía una serie de
actuaciones, acompañadas del interesante plano que reproducimos.
Para repoblar,
se dividía la Muela Alta en 6 cuarteles en los que, sucesivamente, se iba a
llevar a cabo la repoblación, iniciándola en el primero, que era el más cercano
al Santuario. Para la Muela Baja proponía acotar una parcela para comprobar si
era posible la repoblación espontánea.
Descartada la
repoblación con pinos, por la falta de suelo, optaba por realizarla con semillas
de encina y de coscoja, en la proporción de dos de la primera por una de la
segunda. Ante la imposibilidad de efectuar la siembra con arado, se llevaría a
cabo manualmente, por medio de una persona adulta que cavaría los hoyos con
azada para que, en ellos, un peón joven depositara las semillas, cubriéndolas
con una azadilla.
Como
complemento de lo anterior, se creaba un vivero, en terrenos cedidos por el
Ayuntamiento para, con las pequeñas encinas crecidas en él, se repusieran los
fallos habidos en la repoblación. También se propuso la construcción de una casa,
de cierta importancia para los guardas de la repoblación y para los ingenieros
que la visitasen: una casa forestal, como las existentes en otros lugares.
La pregunta que
surge, inmediatamente, es si todo ello llegó a realizarse y si esa casa fue
construida, porque lo cierto es que, en 1928, la situación apenas había variado
y, entonces, se optó por el pino. Distinto es el caso de la Muela Baja donde
hemos conocido en su parte superior la existencia de abundantes carrascas,
mientras que sus laderas fueron repobladas con pino en la década de los años 50
del pasado siglo.
En cualquier caso,
el documento que nos ha traído D. Fernando Aguilar, merece ser estudiado a
fondo, analizando los detalles que el plano ofrece sobre las propiedades que rodeaban
ambas Muelas.



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