Dimitri Papagueorguiu (1928-2016) fue un artista polifacético que destacó como maestro del grabado, del que, ahora, años después de su fallecimiento, han llegado a Borja importantes recuerdos, ligados a su obra y a su trabajo, merced al interés de otro artista polifacético: Jorge Andía, graduado en Bellas Artes por la Universidad de Zaragoza.
Dimitri, como todos le conocían,
nació en una aldea de Omileon, una remota región montañosa de Grecia. En Nea
Mákrisi cursó los estudios primarios, etapa en la que comenzó a dar muestras de
su habilidad para el dibujo. Con gran esfuerzo de su familia fue llevado a
Lamias, donde comenzó los estudios de Secundaria.
Su familia era de orientación
izquierdista y su hermano militaba en la resistencia contra las tropas de
Mussolini, que habían invadido Grecia. Dimitri, que era un niño, colaboraba con
dibujos para la propaganda que distribuían.
El final de la II Guerra Mundial abrió
el paso a nuevos enfrentamientos civiles, que también afectaron a su familia. A
pesar de ello, tras varios fracasos, consiguió matricularse en la Escuela de Bellas
Artes de Atenas. Gracias a su profesor Yannis Kefalinos, consiguió una beca del
Ministerio español de Asuntos Exteriores, para estudiar en España.
En Madrid estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, centrándose en el grabado que, por entonces apenas interesaba. Allí descubrió la litografía y, por entonces, ya se adentró en otros ámbitos como la traducción de los poemas de Cavafis. Su amor por España le llevó también a traducir obras españolas al griego. Era un gran admirador de Lorca.
Con la colaboración de otros artistas más jóvenes, interesados en el Grabado, abrió taller en Madrid que, de hecho, se convirtió en lugar de acogida de otros muchos, convirtiéndose en un referente para todos. Su trayectoria artística estuvo jalonada por numerosas exposiciones y premios, creando el grupo Boj.
Es imposible sintetizar
en esta breve reseña, toda la rica actividad creativa de Dimitri, así como su
labor docente. Esta imagen nos muestra su taller de la calle Modesto Lafuente,
en la que puede verse el magnífico tórculo que Jorge Andía ha traído a Borja.
Con él, han llegado
diversas publicaciones que estudian su obra y reseñas biográficas muy
completas, que hemos tenido la oportunidad de leer.
También,
algunos de sus grabados, de manera que, en cierta medida, la personalidad del
gran artista griego va a quedar vinculada a nuestra ciudad, gracias al interés
de Jorge Andía, que conservará todo ello en el edificio de la calle Sayón que
está restaurando y que, algún día, llegará a convertirse en importante centro
de producción artística.







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