miércoles, 8 de abril de 2026

Lo que no publicamos del Entierro de Cristo

         El reportaje que publicamos sobre el Entierro de Cristo tuvimos que interrumpirlo al habernos quedado sin cámara. De ahí, que no pudiéramos reflejar los actos que tienen lugar en la plaza de España, a donde llega la comitiva, tras recorrer las calles de la ciudad. Lo hacemos hoy, con la ayuda de Enrique Lacleta.

 

         Una vez allí, los diversos integrantes de la procesión ocupan los puestos establecidos, en torno al tablado situado frente a la Casa Consistorial.



         Cada paso tiene un lugar prefijado, así como otros personajes que participan en la procesión. En las fotos, el Paso de la Muerte que llama especialmente, la atención; el del Descendimiento y las dos jóvenes que representan a la Paz y la Justicia.




         Escoltada por los alabarderos, llega el arca descubierta, con la imagen yacente de Cristo, siendo subida al estrado, por los miembros de la cofradía de las Almas que la portan.



         A continuación, se cubre con el palio y el sacerdote que preside la procesión, en este caso el Párroco D. José María Sánchez Becerril, sube a incensar el Cuerpo del Señor.




         Se llega así al momento cumbre de la ceremonia, cuando el centurión, acompañado por uno de los angelicos, sube al tablado. Moviéndose al compás de lo que en ángel le indica con su bastón, procede a sellar el arca, colocando los sellos que porta el angélico en su bandeja y golpeándolo con un martillo.



         Al primer golpe, el Velo del Templo, portado por la cofradía de San Bartolomé, situado abajo, se rasga, como ocurriera en Jerusalén, en el momento de la muerte de Cristo.

 


         Con el arca cubierta y sellada, la procesión regresa a la colegiata de Santa María, de la que había partido y el arca es colocada en el presbiterio del templo, donde los alabarderos le rinden honores por última vez.

 

         Todo en silencio, con la única presencia de San Juan y la Muerte, junto al arca, tenía lugar el Sermón de la Soledad y el canto de un aria muy hermosa, dedicada a la Virgen. Todo ello se sigue rememorando, aunque de forma más reducida, dando fin, de esa forma, a esa ceremonia singular que es el Entierro de Cristo de Borja.


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