Los que tenemos cierta edad y hemos conocido cómo eran las procesiones de Semana Santa en el pasado, podemos constatar la mejoría experimentada desde hace algún tiempo, especialmente en la procesión que tiene lugar en la tarde del Jueves Santo, de que ser una procesión bastante pobre, se ha convertido en algo muy digno, gracias a la implicación de las diferentes cofradías que participan en ella.
Abre la procesión
la cofradía de San Juan Evangelist, con su Banda de Cornetas, Tambores y
Bombos, aunque no porta ninguno de los cinco pasos que integran la procesión y
que, como hemos comentado en otras ocasiones, corresponden a los cinco Misterios
Dolorosos del Santo Rosario.
El primero de
los pasos es el de la Oración en el Huerto, en el que tiene su origen la cofradía
de las Almas, creada expresamente para llevarlo. Fue una decisión adoptada por
el corregidor de entonces, con el fin de atajar las peleas que se suscitaban
entre los que venían llevándolo, algunas de ellas con funestos resultados.
Aunque existe
un paso, adquirido en el siglo XX, desde hace algún tiempo se ha decidido sacar
el antiguo, más sencillo, pero que, al menos, tiene una tradición histórica
frente al moderno, que es de producción industrial.
El siguiente paso,
el de la Flagelación, lo lleva la cofradía de San José, cuyo hábito es blanco
con capirote, cíngulo y vivos de color rojo. Es una imagen muy interesante,
aunque, en estos momentos, es la única de esta procesión que no ha sido
restaurada.
La cofradía del
Carmen es la encargada del paso de la Coronación de Espinas o Ecce Homo. Su hábito
es marrón, con capirote, vivos y capa de color blanco. Esta imagen fue
restaurada hace unos años, por cuenta de la cofradía.
Le sigue la
cofradía de San Antón que es la que lleva el paso de Jesús con la Cruz a
Cuestas. Su hábito es negro, con capirote y vivos de color morado.
El quinto paso,
el de la Crucifixión, tiene como protagonista al Cristo de los Misereres, restaurado
este año, como ya informamos. En esta ocasión lo llevaban cuatro jóvenes, con hábito
de la cofradía de las Almas, de color negro, con Cruz y tercerol.
Esta es la
imagen que se detiene ante los templos en los que la procesión se detiene para
adorar al Santísimo Sacramento en los respectivos monumentos.
No hay monumento
en la iglesia de San Bartolomé, pero el interés de los miembros de la cofradía
que tiene como titular al Santo Apóstol, ha hecho posible que la procesión se detenga
también en esa plaza, donde la esperan un buen número de cofrades con cirios y,
desde este año, con incensario.
Allí, el
Párroco D. José María Sánchez Becerril, que presidía la procesión, pronunció
unas palabras, incensó la imagen y rezó unas preces, antes de reiniciar la marcha.
Tras este
último paso, marchaba la Agrupación de Cornetas, Tambores y Bombos de la
cofradía de San Sebastián y la Verónica, que cerraba la procesión.
Desde San
Bartolomé marcharon a los templos conventuales de Santa Clara y la Concepción,
ante cuyos monumentos, el Párroco, que había entrado acompañado por representantes
de todas las cofradías, rezó unas preces.
La procesión
finalizó en la colegiata de Santa María, ante el modesto monumento instalado en
la capilla de la Virgen de la Peana, Patrona de la ciudad. Qué lejos queda el
esplendor del Barroco que dio forma a unos espectaculares Monumentos, palabra
que, esta ocasión no alude a un edificio de carácter artístico, sino a su
significado de “sepulcro” y, por lo tanto, al lugar en el que se reserva el
Santísimo hasta la Vigilia Pascual.




















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