El Entierro de Cristo es la ceremonia cumbre de la Semana Santa borjana, que se viene representando desde 1746. Como el resto de nuestras procesiones ha experimentado una sensible mejora en el transcurso del tiempo. En la actualidad, la elevada participación de las cofradías y labor desarrollada por quienes se encargan de su organización merece ser destacada. Pero ello no obsta para que sea posible mejorar algunos detalles, con el fin de mantener el orden y significado original.
Este año, por ejemplo,
encabezaba la comitiva la Bandera Negra del Entierro de Cristo, que lleva la
cofradía de San Bartolomé, pero precediéndola debían ir el macero y los
heraldos que, sin embargo, sí salieron en el Pregón, donde no solían participar.
Sigue, a
continuación, la cofradía de San Juan Evangelista, con su paso que es portado a
hombros. En su origen, San Juan formaba parte del llamado “Duelo del Señor” que
marchaba tras el arca, pero cuando se introdujo su banda de cornetas, la
primera que hubo, fue llevado a la cabecera de la procesión, para que su música
no alterara el recogimiento propio de la misma, acompañada por el canto del
Miserere.
Este año, hemos
podido comprobar gratamente que se ha recuperado el número de niños que portan
las llamadas “Insignias de la Pasión” o “Arma Christi”, esa serie de instrumentos
asociados a los sufrimientos del Señor. Pudimos ver, entre otros, la Cruz, el
látigo con el que lo azotaron, la corona de espinas, el martillo y los clavos,
la caña con la esponja, la lanza que le atravesó el costado o la escalera con
la que bajaron su Cuerpo de la Cruz. Un dato muy positivo, dado que, en
ocasiones anteriores, su número se había reducido considerablemente.
Un paso
especialmente llamativo es el de la Muerte, un esqueleto que porta una guadaña,
con la expresión “A nadie perdono” y que, como símbolo de su poder, tiene a sus
pies, una tiara, corona, mitra y el globo terráqueo.
Habitualmente,
este paso sale de la colegiata por el pórtico y es el único al que los alabarderos
rinden honores especiales. Pero, en esta ocasión, se incorporó a la comitiva
desde la plaza de Santa María, desvirtuando su significado.
Tras la Muerte
y asociada a ella, desfilan dos encapuchadas que llevan en sus manos un cráneo
real y una bandeja de ceniza, recordando el final que espera a todos los que
contemplan su paso.
El significado
universal del drama de la Pasión se pone de manifiesto a través de los estandartes
que representan a la doce Tribus de Israel, los cuales son portados por la
cofradía del Carmen.
Tras la representación introducida en época no muy lejana de la Samaritana, la cofradía de San Antón desfila con el paso del Descendimiento. Es de producción industrial y viene a recordar a otra ceremonia que se representaba en Borja, antes del Entierro de Cristo, la del Descendimiento. Aún se conserva la Cruz utilizada en el claustro de Santa María y, en Ambel, se sigue representando.
Marchan después
dos jóvenes que representan a la Paz y la Justicia, la primera con una palma y
la segunda con espada. Ambar van coronadas y sostienen un paño con la inscripción
“Iustitia et Pax osculatae sunt” (La Justicia y la Paz se besan),
correspondiente al salmo 85 de la Vulgata (84 en otra versión), en el que también
se indica “La justicia irá delante de él”, como así ocurre en esta comitiva.
Destacábamos
antes el significado universal de la Pasión, a través de las Doce Tribus de
Israel, reforzado por los estandartes que rodean al arca, representando a las “Cuatro
Partes del Mundo”: Europa, Asia, África y América, que lleva la cofradía de San
José. Por delante de ella iba la Cruz Parroquial.
El arca con el Cuerpo yacente de Cristo es el elemento fundamental. Marcha descubierta, dado que su sellado se llevará a cabo en la plaza de España y, a la salida del templo, los alabarderos le rinden honores y le dan escolta.
Tras el arca
desfilan dos de los estandartes de las Partes del Mundo y el palio negro. Es
preciso recordar que esta imagen tiene el privilegio de desfilar bajo palio y,
bajo él, tiene lugar la ceremonia de sellado del arca.
Inmediatamente después iba el Centurión
con los dos angelicos, seguidos por el Párroco D. José María Sánchez Becerril,
acompañado por D. Alfredo Sánchez Pablo que portaba el incensario.
Aquí es donde
debía ir situado el tape del arca, al que, en esta ocasión se le adelantó el
velo del templo, que lleva la cofradía de San Bartolomé.
Es un pequeño
retablo que, en su parte central lleva un velo que, en el momento del sellado
del arca, se rasgará, recordando lo acaecido en el templo de Jerusalén cuando Cristo
murió.
Inmediatamente después
seguía el llamado “Duelo del Señor”, integrado por los personajes que, como en
cualquier entierro, acompañan al difunto. Lo resalta en este punto una bandera
con esa inscripción, seguido por el paso de la Virgen, la más cercana al cuerpo
de su Hijo.
La introducción
de una banda de la cofradía de San Sebastián y la Verónica, que llevan el paso
de esta última, ha alterado el orden del Duelo, como lo hiciera, antaño, con el
paso de San Juan.
Fue a la salida
de la Verónica cuando nos quedamos sin cámara fotográfica, por lo que las
últimas fotos nos las facilitó otra persona. El siguiente paso es el de María
Magdalena, que lleva la cofradía de Santa Lucía.
Y, ahora,
finalmente, precedido por la bandera que antes comentamos iba el paso de la Virgen
de la Soledad, una imagen articulada que, con el movimiento de sus brazos y
cabeza, simula llorar. Estaba a cargo, hasta hace unos años, de la cofradía de las
Nieves, pero ahora lo llevan representantes de todas las cofradías.
En último lugar
desfila la corporación municipal, siendo ésta una de las procesiones a las que
acude en pleno y bajo mazas. Tras ella y cerrando la comitiva la Agrupación
Musical Borjana.
La ausencia de
cámara nos impidió captar momentos tan importantes como los que tienen lugar en
la plaza de España. Es posible que nos lleguen imágenes de otras personas y las
daremos a conocer, aunque ya lo hemos hecho en años anteriores.








































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