Hay un versículo del Evangelio de San Juan que impresiona profundamente: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Los recordábamos ayer, cuando acompañábamos al Santísimo Sacramento por las calles de Borja, en una procesión que nos parecía un pálido reflejo del pasado.
Porque,
efectivamente, los gigantes seguían encabezándola; tras ellos las banderas y
estandartes de las cofradías y asociaciones borjanas.
También los niños y niñas de Primera Comunión, que habían tenido un protagonismo especial en la celebración eucarística y que iban lanzando pétales de rosas.
Y, tras la
custodia, el Párroco D. José María Sánchez Becerril, la corporación municipal
en pleno y la Agrupación Musical Borjana que hizo sonar el himno nacional a la
salida de la custodia.
Pero, ¿Era eso
suficiente cuando el mismo Dios se hacía presente entre nosotros? Porque la
procesión del Corpus no es una procesión más en las que desfila la imagen de la
Virgen o de un Santo. En ésta, lo que desfila es Cuerpo real de Cristo, dogma
fundamental de nuestra Fe y expresión patente de un Dios que quiso permanecer
entre nosotros para siempre.
Entre quienes
nos acompañaban surgía un cierto pesimismo, al constatar, como nosotros que
esta gran Fiesta eucarística había ido palideciendo, poco a poco, en el
transcurso del tiempo, en nuestra ciudad.
Pero, al mismo
tiempo, lo que estaba acaeciendo en Madrid, en donde el Papa León XIV portaba
en la mano la custodia por una calle de Alcalá, cubierta con alfombras de
flores, hacía renacer la esperanza.
Lo que estamos
viviendo estos días es algo que debe hacernos reflexionar. Multitudes de
personas volcadas en la capital de España, para acompañar al Papa y, sobre
todo, miles de jóvenes participando en las celebraciones, viene a demostrar un
renacer de la Fe que no podemos eludir.
Quizás sea
fruto de una nueva evangelización o, simplemente, de la acción del Espíritu
Santo. Pero, no podemos permanecer indiferentes y dejar que la buena semilla se
agoste por no encontrar un terreno adecuado.
Hay que motivar
a todos y, quizás, recuperar con imaginación, antiguas tradiciones y crear
otras nuevas. En un día como ayer es el mejor momento para engalanar balcones,
para que desde ellos vuelvan a caer flores y, por qué no, para que el Cuerpo de
Cristo desfile, como en Madrid y otros lugares, sobre alfombras de color.
Hoy, como en el
pasado, los jóvenes tienen la respuesta. Basta con que, como les ha pedido el
Papa, alcen la mirada hacia los auténticos valores y, por un momento, en el
silencio, sin músicas ni estridencias, abran su corazón a la voz de que siempre
permanece vivo.
Por cierto, durante su homilía en
la misa del Corpus Christi, León XIV ha querido ensalzar «el sentimiento
espiritual» de España y ha homenajeado la tradición religiosa de nuestro país,
al Corpus Christi y a sus «solemnes procesiones», que «han plasmado durante
siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo
español».














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