Nuestro periplo por la mayor parte de las islas españolas finaliza hoy en Canarias. Allí, al noreste de la isla de Fuerteventura, encontramos la isla de Lobos, un auténtico paraíso, actualmente declarado Parque Natural.
Tiene unas 470 hectáreas de
superficie y 13,7 kilómetros de perímetro. Su nombre, que ya le fue adjudicado
por los navegantes portugueses se debe al gran número de focas monje (lobos
marinos) que había allí. Durante la conquista, en 1402, el compañero de Jean de
Béthencourt, Gadifer de La Salle, las cazaba allí, aunque no fue hasta el siglo
XIX cuando desparecieron, por acción de los pescadores que querían evitar su
acción depredadora sobre la pesca.
En ella destaca “La Caldera”, un
cono volcánico cuya cota máxima es de 127 metros, la mayor altitud de la isla.
Al otro lado se
encuentra una preciosa playa, la Concha, y también encontramos en la isla
algunas construcciones y un centro de acogida de visitantes, que requieren de
una autorización especial para llegar hasta allí.
La isla estuvo
ocupada desde la antigüedad y no hace muchos años fueron encontrados restos
romanos. Después, fue visitada por piratas, pero no hubo una población estable
hasta la llegada de los fareros encargados del mantenimiento del faro de Punta
Martiño.
Construido en la segunda mitad del
siglo XIX, según proyecto de ingeniero Juan León y Castillo está formado por una
torre troncocónica de sección circular que termina en un torreón donde se
encontraba la linterna. Está situado a 29 metros sobre el nivel del mar y la torre
tiene seis.
En ese faro
nació la poetisa y dramaturga Josefina Pla (1903-1999), que era hija del
farero. Por eso, tiene un monumento dedicado en la isla, como homenaje del
Ayuntamiento de La Oliva, al que pertenece administrativamente.
Josefina,
cuando tenía 21 años, conoció en Villajoyosa al artista paraguayo Julián de la
Herrería, con el que contrajo matrimonio, viajando hasta Paraguay, donde
desarrolló toda su obra y donde falleció en 1999.
La isla fue de propiedad
privada, hasta que la cadena Riu Hotels & Resorts la cedió al gobierno, a
cambio de ciertas ventajas.
Dentro del término municipal de Santa Cruz de Tenerife se
encuentran los llamados Roques de Anaga, dos llamativos peñascos de
origen volcánico, con 10 hectáreas de superficie.
El mayor es el
Roque de Tierra que, durante la bajamar, queda unido a la costa por una lengua
de arena; su cota máxima es de 178 metros. El Roque de Fuera es de menor tamaño
y, en su perfil, destacan dos picos puntiagudos, de unos 60 metros de altura.
Ambos constituyen una Reserva Natural Integral y forman parte de la Red Natura
2000.
Frente al municipio de Garachico, al norte de la isla de Tenerife, se encuentra el Roque de Garachico, un llamativo peñón de cinco hectáreas de superficie, con una altura de 77 metros. En 1994 fue declarado Monumento Natural.
Finalmente, y
ya en la isla de Hierro, encontramos los Roques de Salmor, que constituyen
un espacio natural protegido. Son dos peñascos el Roque Grande y el Roque Chico,
con una superficie total de 3,5 hectáreas, siendo la cota máxima del Roque
Grande de 100 metros. Allí habitaron los lagartos gigantes de El Hierro que, en
la actualidad, se trata de reintroducir, tras haber sido expoliados.













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