Hoy vamos a detenernos en una serie de islas existentes en el Mar Menor, frente a La Manga, todas ellas de origen volcánico.
Una de ellas es
la isla del Ciervo, con una superficie de 18 hectáreas, que hasta hace
poco estuvo unida a La Manga por un estrecho brazo, que fue demolido para
proteger el ecosistema de la isla que, en la actualidad, tiene la consideración
de Parque Natural, junto con las otras islas. En ella crecen varias especies
endémicas muy interesantes.
Otra de las
islas es la isla Rondella, o Redonda, por su forma circular, que tiene
una superficie de 2,2 hectáreas y está cubierta por un manto vegetal. Allí
anidan colonias de garcillas y garcetas.
La isla era `propiedad de barón de Benifayó, pero su hijo la vendió, junto con otras, al conde de Romanones y, en la actualidad, pertenece a sus descendientes, la familia Figueroa.
También propiedad del barón de
Benifayó era la isla del Sujeto, ahora de los Figueroa, por las mismas
razones que la anterior. Tiene una superficie de 2,4 hectáreas y es la de menor
altura de las islas del Mar Menor, aunque como todas ellas tiene un origen
volcánico.
La isla
Perdiguera es la segunda en extensión de este conjunto de islas, dado que
tiene una superficie de 25,8 hectáreas. Al sureste forma una península que, en
realidad, es un tómbolo que la une a otra antigua isla, la isla Esparteña, que
debe su nombre a la abundancia de esparto que había allí.
También fue
propiedad del barón de Benifayó y, posteriormente, del conde de Romanones que,
sin embargo, la donó al Estado.
En el tómbolo antes citado, llegó a haber varios restaurantes y, por la isla se encuentran restos de antiguas construcciones. Hasta ella acuden numerosos visitantes, razón por la cual está bastante degradada, a pesar de ser Paisaje Protegido.
La isla Mayor
es, como su nombre indica, la de mayor superficie del conjunto de islas del Mar
Menor, con 93,8 hectáreas. También es conocida como la isla del Barón,
por haber sido propiedad del barón de Benifayó, Julio Falcó d’Adda, que la
había adquirido en 1870.
Allí construyó
su residencia, según proyecto de un destacado arquitecto, Lorenzo Álvarez
Capra, que había sido el autor del pabellón de España en la Exposición Universal
de Viena de 1873. Fue su residencia, dado que, al parecer, había sido
desterrado como consecuencia de haber participado en un duelo en que resultó
muerto su oponente. Hizo mucho por la conservación de la isla y hasta ella
llegaron personajes ilustres, como el escritor Benito Pérez Galdós.
Pero, a su
muerte, su hijo la vendió, con otras islas al conde de Romanones y, en poder de
sus descendientes, sigue hasta nuestros días.
Sobre la residencia
se alza una antigua torre de vigilancia que uno de los descendientes de
Romanones, rehabilitó como vivienda.
En su interior
hay una escalera diseñada por Frank Lloyd Wright y obras de César Manrique, que
estuvo en la isla, al igual que personajes como Ava Gardner.
La isla tiene
la condición de Parque Natural, pero el cuidado puesto en su conservación por
el actual propietario ha sido reconocido con el sello Wildlife Estate que
acredita la gestión respetuosa con la biodiversidad. Entre las muchas
iniciativas que ha llevado a cabo, destaca la introducción de halcones, tras
documentar que, históricamente, había sido coto real de caza con esas aves.
Terminamos en isla Grosa, que ya comentamos al tratar de los patrulleros de la Armada que han llevado nombres de islas. Hasta el año 2000 fue utilizada para el entrenamiento de los buceadores del Centro de Buceo de la Armada. Ese año fue cedida al Gobierno de Murcia, dado su interés ecológico, pues en ella se encuentra la tercera colonia más importante de la gaviota de Andouin, una especie catalogada como especie amenazada y la mayor zona de nidificación de cormoranes moñudos, con 15 parejas.













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