Ya en la Comunidad Valenciana encontramos la isla de Benidorm, muy conocida por todos los visitantes de esa localidad, dado que se encuentra a poca distancia de sus playas. Con una superficie de siete hectáreas, por concesión real sus aguas son explotadas por los vecinos de Benidorm y de Villajoyosa. Durante la II República el Gobierno subastó la isla en dos ocasiones, pero la presión de las gentes de esas localidades, impidió que se consumara la privatización.
Aunque ha
tenido una ocupación esporádica y, en la actualidad, hay en ella un restaurante,
nadie reside de forma permanente en la isla.
La existencia
de una curiosa escotadura en la vecina montaña de Puig Campana, ha propiciado
la leyenda del origen de la isla, a la que se considera desgajada del monte.
Según una
versión de esa leyenda, un gigante llamado Roldán se enamoró de una joven, pero
un malvado brujo lanzó una maldición a la pareja, según la cual la joven
moriría cuando su cara fuera iluminada por el último rayo de sol. Desesperado, Roldán intentó retrasar el
atardecer golpeando con su espada la montaña, cortando un enorme pedazo que
arrojó al mar. Ese pedazo dio lugar a la isla, y la brecha, aún conocida como
tajo de Roldán permitió que los rayos del sol iluminaran a su amada unos
minutos más. Hay otras versiones, aunque su trama es similar.
La isla de
Portichol (Portitxol), está situada en la bahía del mismo nombre, en el
término municipal de Xàbia. Tiene una superficie de 8,3 hectáreas y su cota más
alta es de 75 metros. Queda
constancia de su ocupación en época romana y su nombre procede del latín y significa
“puerto pequeño”. La isla es de propiedad privada y, durante el siglo XX, fue
objeto de explotación agrícola, para lo que se construyeron bancales y, en la
parte más alta varias construcciones para elaborar uvas pasas. Por su interés
arqueológico tiene la consideración de Bien de Interés Cultural.
También en la
localidad de Xàbia se encuentra la isla del Descubridor, situada junto
al cabo de la Nao. Tiene una superficie de 2,5 hectáreas y es pedregosa, con
una pequeña capa vegetal. Allí existe una importante colonia de cormoranes.
Según la leyenda, su nombre se debe a un marinero, natural de la localidad,
llamado Bartolomé, que acompañó a Colón en su viaje de Descubrimiento.
Terminamos hoy
nuestro recorrido en el archipiélago de las islas Columbretes, descritas
ya por los autores clásicos que les dieron ese nombre, aludiendo a la gran
cantidad de serpientes que había en ellas.
Sus principales
islas son la Columbrete Grande o isla Grossa, La Ferrera, la Foradada, y El
Bergantín, con una superficie total de 19 hectáreas y una cota máxima de 67
metros.
La mayor es
Columbrete Grande, con una forma semicircular por formar parte de un antiguo
cráter volcánico. En 1988 fueron declaradas Reserva Natural y, en 1995, junto
con su entorno, pasaron a formas la Reserva Marina de las islas Columbretes.
En la Columbrete
Grande reside, de forma permanente equipos de vigilantes y científicos que
cuentan con las instalaciones necesarias, siendo los únicos habitantes.
También allí se
encuentra un faro, construido en 1856, renovado en varias ocasiones. Antiguamente
era atendido por fareros, que debían soportar condiciones de vida muy duras. Cultivaban
algunas modestas parcelas y limpiaron mucha vegetación, acabando con las culebras,
de las que sólo queda el recuerdo. Actualmente, el faro está automatizado y dispone
de paneles solares.






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