domingo, 22 de febrero de 2026

Ante la tumba del que fue Rey de España

         En todas las visitas a la capital francesa, sobre todo cuando nos acompañan personas que no lo conocen, solemos visitar los Inválidos que, además, de Museo Militar, acoge el templo contiguo donde reposan los restos de Napoleón y otros personajes.

 

         Uno de ellos es José I, rey de España durante el período napoleónico, que reposa en una de las capillas del templo. Recordemos que, tras la definitiva caída de su hermano Napoleón I, se exilió en los Estados Unidos, donde residió hasta 1841, en una propiedad ricamente adornada con muchos de los bienes de la Corona española y una gran biblioteca. Regresó a Europa para establecerse en Florencia, donde falleció en 1844. Napoléon III llevó sus restos a los Inválidos en 1862.

 


         El templo está presidido por un baldaquino que recuerda al de la basílica de San Pedro. Al otro lado del mismo, tras la cristalera, se encuentra la catedral de San Luis de los Inválidos, que es la catedral militar de Francia y forma una unidad con el otro espacio, en cuyo origen estaba reservado al rey, mientras que los soldados seguían el culto al otro lado.

         En las capillas destacan los mausoleos de grandes militares franceses, como el mariscal Foch, en la imagen, o el mariscal Liautey, aunque hay otros muchos enterrados en la cripta.

 

         Presidiéndola se encuentra el gran sarcófago que guarda los restos de Napoleón, traídos desde la isla de Santa Elena por el rey Luis Felipe, en 1840.

         Impresiona la magnitud del sarcófago que es visible desde la planta superior. Con un peso de 40 toneladas, está realizado en cuarcita roja de Rusia (a veces se utiliza la denominación de pórfido, aunque no lo es), que descansa sobre una base de granito verde de los Vosgos. En el interior, Napoleón reposa protegido por seis ataúdes; de hierro, caoba, plomo (dos), ébano y roble.

         En torno a la tumba, en el corredor circular que la rodea, una serie de bajorrelieves exaltan la gloria del emperador y sus más importantes reformas.

 

Al inicio del descenso a la cripta una inscripción recuerda el deseo del emperador: “Je souhaite que mes cendres reposent sur les bords de la Seine, au milieu de ce peuple français que j'ai tant aimé” (Deseo que mis cenizas reposen a orillas del Sena, en medio de este pueblo francés al que tanto he amado).


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