Uno de los alicientes del pasado viaje a París, era el de efectuar una visita privada a la catedral de Notre Dame, a donde llegamos en la tarde del viernes 13 de febrero, cuando ya había cerrado sus puertas a los turistas y donde, únicamente, permanecía ensayando el coro de la catedral.
Aunque su
interior se encuentra completamente restaurado, no ocurre lo mismo con las
fachadas exteriores, en las que siguen los trabajos, así como los
correspondientes al adecentamiento de su entorno, especialmente en la explanada
de acceso.
Respecto al
estado que presentaba antes del incendio, lo que nos llamó la atención fue la
pila bautismal colocada a los pies del templo, aunque la anterior se ha
mantenido en su ubicación original. También han sido completamente renovadas
las sillas dispuestas en la nave central y en el crucero.
En el recorrido
efectuado, bajo la dirección de M. Laurent Prades, Régisseur général de los
tesoros artísticos del templo, pudimos constatar el inmejorable aspecto que
presenta la catedral, con sus paramentos blancos refulgentes que, a algunos,
les parecieron excesivamente “modernos”.
Con una perfecta iluminación, en el
presbiterio destacaba el conjunto escultórico presidido por esa Cruz dorada
que, en la noche del incendio, parecía guiar a los bomberos que arriesgaban sus
vidas para salvar el monumento y sus obras de Arte.
En el crucero
la preciosa imagen de la Virgen, siempre con flores a sus pies y lámparas
encendidas, al igual que en otros muchos lugares del templo, sin que se apaguen
por la noche, lo que nos llamó la atención, al igual que el altar mayor, en
forma de medio ovoide.
En una de las capillas de la girola,
se conserva la más preciada reliquia de la catedral, la Corona de Espinas,
ahora en un nuevo relicario realizado por artesanos de la Fundación de
Coubertin de París, según diseño de Sylvain Dubuisson.
Tiene forma circular, con una
altura de casi cuatro metros y está formado por 12 círculos concéntricos con
396 piezas de vidrio, en torno al espacio donde se encuentra la Corona. Todo el
conjunto resulta sumamente llamativo.
En otra de las
capillas de una de las naves laterales, se encuentra esta imagen que, en
principio, no identificamos, pero que es la de San Francisco Xavier bautizando
en la India.
También ha sido
remodelado el espacio del Tesoro, donde se encuentra otra reliquia importante,
la camisa de San Luis, rey de Francia que es la primera pieza que se presenta
al visitante.
Entre las
piezas de orfebrería expuestas se encuentran los antiguos relicarios de la
Corona de Espinas y un cáliz de procedencia española (arriba en el centro) que,
según nos informaron fue donado por Napoleón I a la catedral, tras haber sido
expoliado en nuestro país.
En una vitrina se expone ahora la
capa pluvial que el arzobispo de París Laurent Ulrich usó en la ceremonia de
reapertura del templo. Las vestiduras litúrgicas de aquel día fueron encargadas
al reconocido creador de moda Jean-Charles de Castelbajac y fueron objeto de polémica.
Junto a ella se muestra el peculiar báculo de madera que había sido diseñado
por Sylvain Dubuisson utilizando madera procedente del techo carbonizado en el
incendio.
Podríamos
comentar otros muchos detalles, pero respondiendo al interés de nuestros
lectores, formulamos la pregunta de si aquella imagen de la Virgen del Pilar,
donada por la Guardia Civil, seguía en la sacristía de diario, nos dijeron que
no, pero no pudimos comprobarlo, dado que no visitamos ese espacio.

















No hay comentarios:
Publicar un comentario