Consumado el derribo del edificio de la calle Mayor, sobre el que ya manifestamos nuestra opinión, al menos nos ha quedado el consuelo de que el cerramiento adoptado para vallar el solar es el adecuado para estos casos.
Por una parte, se
ha mantenido parte de la antigua fachada y, por otra, se ha levantado una tapia
con la altura aconsejada para que el campo visual de los peatones que circulan
por la calle no llegue a percibir el vacío que hay detrás.
No ocurre lo
mismo con tapias de menor altura, como ocurre con un solar de la calle Coloma
y, desde luego, es mucho mejor que los cerramientos utilizados en otros solares
de la calle Mayor o en casos de total ausencia de los mismos. De ahí, la
conveniencia de que, ahora, o dentro de año y medio, se proceda a cerrar los
muchos solares que ya jalonan nuestro casco histórico, ofreciendo un triste
espectáculo.
Además, se han mantenido
los dos rótulos de calles que allí había. Uno el de la calle Mayor y el otro el
de la dedicada a D. Pablo Pérez Montorio que apenas era visible y ahora
destaca.
En torno al
mismo se da una curiosa circunstancia, pues el nombre de D. Pablo Pérez
Montorio fue retirado del callejero borjano por la primera corporación socialista,
aduciendo su condición de sacerdote, al igual que ocurrió con la calle de Mosen
Pepe o la plaza del cardenal Casanova.
Cuando, el entonces
alcalde, ante el rechazo popular que la medida había suscitado, nos pidió nuestra
opinión, le manifestamos que, tras ella, había una evidente muestra de incultura.
Tuvimos que aclararle que la falta de cultura de nuestra primera autoridad no era
la que había provocado la retirada de los nombres de esos sacerdotes, sino el
haber dejado los de otros tres, porque ignoraba que lo eran. Concretamente, los
de Moncayo y Amad, dos ilustres canónigos borjanos. D. Jaime Moncayo fue quien
dejó los fondos precisos para establecer el convento de dominicos, mientras que
D. Juan Miguel Amad fue un gran benefactor de la enseñanza en Borja. Otra calle
dedicada a un sacerdote era la de Tejadas, recordando a D. Buenaventura Tejadas,
vicario de la parroquia de San Miguel durante la ocupación francesa, que fue
detenido y llevado prisionero a Francia, de donde volvió, sano y salvo, ante la
sorpresa de sus antiguos feligreses, que lo creían muerto, al finalizar la
guerra.
De D. Pablo
Pérez Montorio, que ha motivado este comentario, no tenemos imágenes, salvo ésta
en la que aparece sentado en el transcurso de una excursión.
Nacido en Borja,
cursó los estudios eclesiásticos en el seminario de Tarazona, siendo ordenado
sacerdote en 1902. Dotado de una brillante inteligencia fue enviado a la
Universidad de Comillas, donde se graduó como Licenciado en Derecho Canónico y
Lenguas Clásicas.
Fue Vicerrector
del Seminario y estaba llamado a destinos más importantes, pero aquejado de ese
síndrome que afecta a muchas de las mentes brillantes de nuestra ciudad, su
única ilusión era retornar a Borja y lo hizo como simple beneficiado de Santa
María. Nunca fue párroco, pero destacó por su oratoria, así como escritor y
poeta. Fue un hombre muy querido y respetado del que sus paisanos decían que,
por no abandonar a su ciudad natal, había renunciado a la posibilidad de ser
consagrado obispo. La calle se la dedicó el Alcalde D. Vicente Compans Manero,
que se honraba con su amistad.




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