martes, 3 de marzo de 2026

Exposición en Tauste

        Coincidiendo con la celebración de las Jornadas sobre la Historia de Tauste, la Asociación Cultural “El Patiaz” presentó, en la Casa de Cultura de esa localidad, una exposición dedicada a “Los ajusticiados de 1592”.

 

         A través de una serie de paneles se tributaba un homenaje de los tres taustanos que fueron ajusticiados, a raíz de las “alteraciones de Aragón” de 1591.



         En ella se mostraba la recreación del monumento, propuesto por la Asociación, para honrar y perpetuar la memoria de Francisco de Ayerbe, Tomás de Rueda y Dionisio Pérez de San Juan, decapitados por defender “los Fueros y las libertades del Reino frente al poder real”. Según nos informaron la propuesta ha sido aprobado por el Ayuntamiento de la Villa.

 

         El tema nos interesó vivamente, dado que, con ocasión del IV centenario de aquel acontecimiento, publicamos la obra titulada La “invasión” de Aragón en 1591. Una solución militar a las alteraciones del reino, en la que abordamos minuciosamente lo acaecido y las consecuencias de aquellos hechos.

 

         Francisco de Ayerbe era un infanzón, miembro de la Guarda del Reino y en el enfrentamiento con las tropas reales, fue alférez de una de las compañías del supuesto ejército foral que huyó a la desbandada frente a las fuerzas de D. Antonio de Vargas.

         Con anterioridad, había apoyado decididamente al Secretario Antonio Pérez, causante de aquella insurrección y llegó a acompañarlo en la primera fase de su huida. Después, ante el avance del ejército real, huyó a Francia.

         Fue uno de los “exceptuados” del perdón real y se puso precio a su captura, ofreciendo 2.000 ducados por él. Pero, lejos de permanecer exiliado en el país vecino, decidió regresar, al frente de una expedición armada, integrada por franceses (bearneses) para enfrentarse al rey, esperando contar con el apoyo de los aragoneses. Pero, todo terminó en un gran fracaso, siendo capturado por hombres de la localidad de Escarrilla.

         Llevado preso a Zaragoza, fue sometido a interrogatorio con terribles torturas, tratando de indagar sobre la participación de determinados nobles en las revueltas. Fue condenado a muerte, junto a Dionisio Pérez de San Juan y ejecutado el 19 de octubre de 1592. En su camino al cadalso, iba precedido por un pregonero que gritaba el motivo de la condena: “Por haber sido rebeldes y traidores a su rey y señor natural y haber cometido crimen de lesa majestad”.

         Además de ser degollado, le fueron confiscados sus bienes y se mandó colocar su cabeza sobre la puerta de la cárcel de los Manifestados, por haber contribuido allí a la puesta en libertad de Antonio Pérez. Probablemente, su cabeza se mostraba en esta jaula que se conserva en el Museo de Zaragoza, o en una parecida, y no fue retirada hasta la entrada de Felipe II en la capital aragonesa, el 11 de septiembre de 1598.

         Tras la entrada de las tropas de D. Antonio de Vargas en la capital y después de la ejecución del Justicia, fue promulgado un perdón general del que quedaron exceptuadas 22 personas, entre las que se encontraba el citado Francisco de Ayerbe, por ser considerados responsables de todo lo ocurrido. Con menor responsabilidad, eran señaladas otras 125 personas, cuyo castigo sería objeto de un rigor más limitado.

         También era natural de Tauste, Dionisio Pérez de San Juan, que, como Francisco de Ayerbe, huyó a Francia, entrando después por el Pirineo, con los bearneses, siendo capturado y ejecutado como su paisano, siendo colocada su cabeza en la puerta de Valencia.

 

         El tercer taustano era el infanzón Tomás de Rueda que había sido exceptuado del perdón real, aunque corrió diferente suerte, pues fue llevado al Auto de Fe que tuvo lugar al día siguiente de las ejecuciones citadas. El motivo por el que pasó a manos de la Inquisición, se detalla en el manuscrito del citado Auto que se conserva en el Archivo Municipal de Zaragoza y que reprodujimos en la obra mencionada

         Tras la estatua de Antonio Pérez, condenado en rebeldía, salió Antonio Fuertes con un sambenito y una cruz, siéndole leída la acusación de haber ido a la Aljafería, sede de la Inquisición, donde mató a un criado de un inquisidor, que venía de la ciudad; haber subido a las almenas buscando a los inquisidores para dispararles con un arcabuz.

 

También estuvo en el asalto de la cárcel de los Manifestados, habiendo dado muerte a varios ministros del Rey y de la Inquisición, hasta lograr la liberación de Antonio Përez, al que ocultó en una cueva. Probados los cargos, fue condenado a muerte y relajado al brazo secular, siendo ajusticiado el 24 de octubre de 1592.

Hasta aquí, la historia de estos tres taustanos a los que quieren honrar sus paisanos, convencidos de su heroísmo y su sacrificio por las libertades aragonesas, aunque todo depende del cristal con que se mire…


No hay comentarios:

Publicar un comentario