lunes, 27 de julio de 2026

Importante donación que no pudo ser entregada

         Nuestro compañero Gael Favier ha traído a Borja un precioso relicario, con el propósito de donarlo al Museo de Santa Clara. Junto con la generosidad de este regalo, la elección del lugar de su destino no es casual, dado que procede del convento de clarisas de Toulouse.

         Su intención era la de efectuar la entrega a la comunidad de clarisas de Borja, pero, ante la imposibilidad de que fuera recibido en los días en los que permaneció en nuestra ciudad, decidió posponerla para mejor ocasión.

         El relicario es una obra preciosa, en forma de retablo, en cuya calle central, bajo una corona, se encuentra una reliquia de San Severino. En las calles laterales hay reliquias de Santa Amelia, Santa Donata, Santa Teófila y Santa Pacífica. A ambos lados del ático hay otras de San Tranquilino y otro mártir.

 

         Quizás pueda sorprender el hecho de que en el centro del relicario aparezca un fragmento óseo del cuerpo de San Severino, dado que Ainzón conserva, entre sus más preciadas reliquias, el cuerpo completo de San Severino, donado a su villa natal por fray José Alberto Ximénez y Ruberte (1719-1780), que llegó a ser Superior General de la Orden de los Carmelitas. El cuerpo procedente de las catacumbas de Santa Priscila de Roma llegó a Ainzón en 1769, junto con una bellísima imagen de la Virgen del Carmen.

         Pero, como ya pudo comprobar el recordado Mariano Villabona al escribir su libro sobre esa reliquia, existen varios mártires con el mismo nombre de Severino. Entre ellos, el único que podría ser identificado con las reliquias de Ainzón fue un soldado romano, martirizado bajo la persecución de Diocleciano, junto con otros tres compañeros, en la vía Labicana de la capital del Imperio. Pero las dificultades encontradas a la hora de precisar sus hagiografías e incluso sus nombres, hizo que, en la última edición del Martirologio Romano, fueran eliminados, lo que no quiere decir que el culto que se les venía tributando careciera de fundamento.

 


Pero, en oratorio de San José de la sede central del Opus Dei, en Villa Tevere, se venera también el cuerpo de San Severino, cuya fiesta celebran el 8 de noviembre.

         En este caso, las reliquias habían sido donadas por el Papa Gregorio XVI a la iglesia de los Santos Mateo y Francisco, en Nápoles, de la que pasaron después a la sacristía de la iglesia del Gesù Vecchio. Al parecer, esos restos también habían sido extraídos de las catacumbas, pero Gregorio XVI fue pontífice entre 1831 y 1846, es decir un siglo después de Clemente XIII. Fue el arzobispo milanés, el cardenal Marcello Mimmi quien, en 1957, regaló el cuerpo al fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, que las tuvo en gran estima.

         La existencia de dos cuerpos atribuidos al mismo mártir únicamente puede significar que ninguno de los dos pertenece al San Severino, soldado romano, sino que ambos corresponden a dos personas que, con ese nombre, fueron enterradas en las catacumbas romanas y que pudieron ser mártires o no, pues no todas ellas murieron por la Fe. Pero, de lo que no cabe duda es que las reliquias de Ainzón fueron exhumadas un siglo antes que las del oratorio de San José.

 



Pero no podemos dejar de mencionar a otro “cuerpo” del mismo Santo (aunque en este caso integrado sólo por dos de sus huesos largos) que se venera en la localidad boliviana de Tarata, en el departamento de Cochabamba. También en ese caso está representado como un soldado romano y su culto está asociado a la lluvia, dado que cuando llegaron hasta allí sus reliquias, llovió ininterrumpidamente durante dos días y vuelve a llover cada vez que lo sacan en rogativa.

Es el Patrón de la localidad y sus celebraciones constituyen una gran manifestación de fervor popular, cuando el Santo recorre sus calles. Además, está asociada a la llamada "Diablada de Tarata". Se trata de una de las expresiones más relevantes del Patrimonio Cultural Inmaterial boliviano que, en este caso, se celebra en honor a San Severino. Porque el nombre de “diablada”, de hondas raíces, no es exclusivo de Tarata, sino que también forma parte del carnaval de Orura, otra ciudad boliviana que, en este caso, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008.

Ahora, a todos estos San Severinos, vendrá a sumarse la reliquia que podrá ser venerada en la capilla donde culmina el recorrido por el Museo de Santa Clara de Borja, donde esperamos que pueda llegar en fecha no muy lejana.


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