Nuestro compañero Gael Favier ha traído a Borja un precioso relicario, con el propósito de donarlo al Museo de Santa Clara. Junto con la generosidad de este regalo, la elección del lugar de su destino no es casual, dado que procede del convento de clarisas de Toulouse.
Su intención
era la de efectuar la entrega a la comunidad de clarisas de Borja, pero, ante
la imposibilidad de que fuera recibido en los días en los que permaneció en
nuestra ciudad, decidió posponerla para mejor ocasión.
El relicario es
una obra preciosa, en forma de retablo, en cuya calle central, bajo una corona,
se encuentra una reliquia de San Severino. En las calles laterales hay
reliquias de Santa Amelia, Santa Donata, Santa Teófila y Santa Pacífica. A
ambos lados del ático hay otras de San Tranquilino y otro mártir.
Quizás pueda
sorprender el hecho de que en el centro del relicario aparezca un fragmento
óseo del cuerpo de San Severino, dado que Ainzón conserva, entre sus más
preciadas reliquias, el cuerpo completo de San Severino, donado a su villa
natal por fray José Alberto Ximénez y Ruberte (1719-1780), que llegó a ser
Superior General de la Orden de los Carmelitas. El cuerpo procedente de las
catacumbas de Santa Priscila de Roma llegó a Ainzón en 1769, junto con una
bellísima imagen de la Virgen del Carmen.
Pero, como ya pudo comprobar el recordado Mariano Villabona al escribir su libro sobre esa reliquia, existen varios mártires con el mismo nombre de Severino. Entre ellos, el único que podría ser identificado con las reliquias de Ainzón fue un soldado romano, martirizado bajo la persecución de Diocleciano, junto con otros tres compañeros, en la vía Labicana de la capital del Imperio. Pero las dificultades encontradas a la hora de precisar sus hagiografías e incluso sus nombres, hizo que, en la última edición del Martirologio Romano, fueran eliminados, lo que no quiere decir que el culto que se les venía tributando careciera de fundamento.
Pero, en oratorio de San José de la
sede central del Opus Dei, en Villa Tevere, se venera también el cuerpo de San
Severino, cuya fiesta celebran el 8 de noviembre.
En este caso,
las reliquias habían sido donadas por el Papa Gregorio XVI a la iglesia de los
Santos Mateo y Francisco, en Nápoles, de la que pasaron después a la sacristía
de la iglesia del Gesù Vecchio. Al parecer, esos restos también habían sido
extraídos de las catacumbas, pero Gregorio XVI fue pontífice entre 1831 y 1846,
es decir un siglo después de Clemente XIII. Fue el arzobispo milanés, el
cardenal Marcello Mimmi quien, en 1957, regaló el cuerpo al fundador del Opus
Dei, San Josemaría Escrivá, que las tuvo en gran estima.
La existencia
de dos cuerpos atribuidos al mismo mártir únicamente puede significar que
ninguno de los dos pertenece al San Severino, soldado romano, sino que ambos
corresponden a dos personas que, con ese nombre, fueron enterradas en las
catacumbas romanas y que pudieron ser mártires o no, pues no todas ellas
murieron por la Fe. Pero, de lo que no cabe duda es que las reliquias de Ainzón
fueron exhumadas un siglo antes que las del oratorio de San José.
Pero no podemos dejar de mencionar
a otro “cuerpo” del mismo Santo (aunque en este caso integrado sólo por dos de
sus huesos largos) que se venera en la localidad boliviana de Tarata, en el
departamento de Cochabamba. También en ese caso está representado como un
soldado romano y su culto está asociado a la lluvia, dado que cuando llegaron
hasta allí sus reliquias, llovió ininterrumpidamente durante dos días y vuelve
a llover cada vez que lo sacan en rogativa.
Es el Patrón de la localidad y sus
celebraciones constituyen una gran manifestación de fervor popular, cuando el
Santo recorre sus calles. Además, está asociada a la llamada "Diablada de
Tarata". Se trata de una de las expresiones más relevantes del Patrimonio
Cultural Inmaterial boliviano que, en este caso, se celebra en honor a San
Severino. Porque el nombre de “diablada”, de hondas raíces, no es exclusivo de
Tarata, sino que también forma parte del carnaval de Orura, otra ciudad
boliviana que, en este caso, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO en 2008.
Ahora, a todos estos San Severinos,
vendrá a sumarse la reliquia que podrá ser venerada en la capilla donde culmina
el recorrido por el Museo de Santa Clara de Borja, donde esperamos que pueda
llegar en fecha no muy lejana.







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