jueves, 30 de julio de 2026

Libros recibidos 1022

         Con el número 109 de la colección de “Fuentes Históricas Aragonesas” nos llega, desde la Institución Fernando el Católico la obra Documentario sobre la música en la catedral de Tarazona según los datos obtenidos en los Libros de actas del Cabildo General (1497-1949), que firman Pedro Calahorra Martínez y Jesús Gonzalo López.

         La obra, tras una larga génesis, fue ultimada en 2021, cuando aún no había fallecido D. Pedro Calahorra (murió en enero de 2026), una figura sumamente relevante en la Musicología aragonesa.

         Fue quien inició la catalogación de fondos musicales aragoneses y, para el caso que nos ocupa, dirigiendo un equipo integrado por María del Carmen Catalán Algás, María Isabel Pascual Cebrián y María Jesús Ruber Capilla.

         Pero el proyecto quedó interrumpido y todos los materiales fueron entregados a Jesús Gonzalo López, en principio para su conservación. Sin embargo, decidió dar continuidad a la investigación, revisando los datos ya obtenidos y ampliando el marco cronológico entre 1947 y 1949.

         Para ello contó con el apoyo del deán de la catedral D. Ignacio Tomás Cánovas, de los canónigos D. Javier Calvillo y D. Antonio Latorre, pero de manera especial con la del canónigo archivero D. Miguel Antonio Franco Garza, desde la profesionalidad, la cercanía y la empatía, calificándolo de “hombre culto y de gran sentido común”.

         El resultado ha sido la obra que ahora ve la luz, de 720 páginas, en la que se reúnen más de 2.800 entradas, con datos de interés sobre la música en la catedral, acompañados por unos completos índices onomásticos, temáticos y de topónimos.

         No es un estudio detallado de la actividad musical en esa seo, aunque podrá servir de base para ello, aunque comenta de pasada aspectos singulares, como los relacionados con la fiesta del Corpus, la principal celebración religiosa de Tarazona, a la que aplica la denominación de “fascinante”, con danzas tan singulares como la del elefante o la de los unicornios, así como por la presencia de mujeres en ella; las “monecillas”, niñas turiferarias que iban revestidas de alba y, tal vez, con dalmática.

         Por lo que respecta a Borja ofrece información sobre músicos intercambiados entre una y otra capilla musical, así como de niños que sirvieron como infantes. Pero, entre ellos, hemos encontrado un dato que nos ha llamado la atención.

         Lleva fecha de 26 de noviembre de 1700, cuando se resolvió que “a la iglesia de Borja se les franquee la casa de la Abadía para el organero, reservando un quarto para algún prebendado si pasa allí” ¿Se trata del edificio que ahora se está restaurando? Pensamos que sí.

 

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