lunes, 26 de octubre de 2026

Ramón y Cajal y la Educación Física

        Hace unos días comentamos que la preparación física de D. Santiago Ramón y Cajal fue determinante para que pudiera sobrevivir a las penalidades sufridas durante su estancia en Cuba, como Capitán Médico.

         Ahora, D. Pedro Calvo nos ha remitido esta imagen de juventud del fututo Premio Nobel, junto con una serie de comentarios sobre su preocupación por fortalecer su fuerza física.

         Nos señala que, en un blog dedicado al Deporte Tradicional, se resalta que, en Valpalmas, Cajar fue tirador de barra y levantó un cahiz de trigo (140 kilos), junto con otros datos muy interesantes.

 

Dice que, en su niñez y ante la imposibilidad de hacer frente a niños mayores que él, elaboró una honda para defenderse, junto con un cuaderno, que tituló Estrategia Lapidaria, una guía para fabricar y utilizar las hondas.

 

         Son varias las fotos conservadas en las que aparece con el torso desnudo, en las que mostraba su evolución para desarrollar su fuerza y musculatura. Primero, entrenando con piedras en el río Isuela, pero, cuando llego a Zaragoza, frecuente un gimnasio, denominado “Estudio Deportivo”, que dirigía el Sr. Poblador al que, ante la dificultad de pagar su cuota, le ofreció asesoramiento físico al señor Poblador.

         En aquellos tiempos de estudiante, cuando paseaba por las calles Cinco de Marzo y Santa Engracia, en lugar de bastón utilizaba una barra de hierro de 5 libras.

 

         En esta otra foto aparece vistiendo un sencillo taparrabos, empuñando un arco. En su biografía comenta que era “Ancho de espaldas, con pectorales monstruosos, mi circunferencia torácica excedía de los 112 centímetros y al andar mostraba esa inelegancia y contorneo rítmico característico de los forzudos o Hércules de Feria".

         Para fortalecer su físico, entrenaba y haciendo montañismo, afición que mantuvo durante gran parte de su vida. Él afirmaba que “Además de los ejercicios oficiales, me impuse cierto programa progresivo, ora añadiendo cada día peso a las bolas, ora exagerando el número de contracciones en la barra o en las paralelas. Cultivé también con ardor los saltos de profundidad y toda clase de volatineras en las anillas y el trapecio (...) La gimnasia y mi indomable amor propio hicieron milagros”.

 

Pese a todo, ya en su madurez, Cajal se refirió a aquel furor deportivo de su juventud como "manía gimnástica", y la calificó como “aquella época de necio y exagerado culto al bíceps”. Aunque siempre defendió los beneficios del deporte y el ejercicio moderados, y alertó de los riesgos de los excesos del deporte profesional: “Importa notar que el corazón se fatiga y las venas se dilatan en los ejercicios violentos (...) Todo recordman o deportista, como no le asista una complexión excepcional, se condena, cual los gimnastas de feria, a vejez prematura”.

En definitiva, Cajal defendía que las personas debían hacer ejercicio acorde a su edad, pero mostraba su oposición a ese culto exagerado al cuerpo, que había practicado en su juventud, reflejado en unas fotos, cuando menos sorprendentes y que admiten varias lecturas.


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