Tras el recorrido por el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla, nos detenemos hoy en el de Ceuta, que lleva el nombre de Santa Catalina, donde también hay numerosas tumbas de militares y donde estuvo sepultada Agustina de Aragón, hasta que sus restos fueron trasladados a Zaragoza en 1870.
Fundado hacia 1830, en este
cementerio hay panteones de Regulares, de Caballería, el dedicado a los caídos
en las guerras con Marruecos y un osario de la Legión, en todos los cuales, cada
primero de noviembre de tributa un homenaje a los allí sepultados, por parte de
sus compañeros de armas. A diferencia de lo que acontece en Melilla, no hemos
encontrado datos precisos sobre la historia de estos panteones.
También se
recuerda el Día de los Difuntos a los regulares que reposan en el cementerio
musulmán de Sidi Embarek, donde fueron enterrados todos los que cayeron
sirviendo a las filas españolas.
En su momento,
dedicamos un artículo a los siete aviadores británicos, pertenecientes a la dotación
de un bombardero Halifax DT-586 que se estrelló el 28 de enero de 1943,
cuando volaba desde Gibraltar a Egipto, sin que hubiera supervivientes.
Los fallecidos, todos ellos
sargentos, fueron: Utrick Watson Wallace (piloto); John William Warner
(navegante); Raymond Fox (ingeniero de vuelo); James Arthur Garland (radio);
Robert Elford Allin (bombardero); George
Ambrose Brind (artillero) y Robert Charles Rosam (artillero) y reposan en
nichos ubicados en el patio de Santa Gema. Más detalles sobre ellos pueden
encontrarse en el artículo mencionado, a través de ese enlace.
En la galería
San Antonio se encuentran los nichos de cuatro miembros de la dotación del dragaminas
Guadalete. En concreto, el cabo Jesús Aspíriz Otamendi, el marinero Ventura
Lobaleiza y otros dos marineros sin identificar.
El Guadalete (DM-5) era un
dragaminas de la clase Bidasoa que, con diseño alemán, había sido botado
en Ferrol el 18 de octubre de 1944. Con 61,90 metros de eslora y 8,50 de manga,
tenía un desplazamiento de 709 toneladas.
Estaba destinado en Ceuta como
patrullero y, de allí, zarpó en la noche del 24 de marzo de 1954, con mala mar.
Se daba la circunstancia de que estas unidades de quilla muy plana eran
inadecuadas para navegar en esas circunstancias.
Al ver que el temporal no remitía,
el comandante decidió regresar a Ceuta, pero a lo largo del día 25 la situación
empeoró y, perdido el gobierno y el suministro eléctrico, a las seis de la
tarde, se ordenó el abandono de buque, que se hundió poco después, a l8 millas
de Ceuta.
Perdidos los botes salvavidas, los
miembros de la dotación formaron dos grupos en la mar y, mientras un mercante
italiano pudo rescatar a uno de ellos, no pudo hacer lo mismo con los otros y,
de los 78 hombres de la dotación, desaparecieron 34, pudiendo ser rescatados
los cadáveres de los cuatro enterrados en Ceuta.









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