Los ataques llevados a cabo por los rifeños contra las posiciones españolas cercanas a Melilla, dio lugar al inicio de una campaña que, en teoría, intentaba pacificar el territorio, conquistando la plaza de Alhucemas.
Al frente de
las fuerzas iba el general Manuel Fernández Silvestre que cometió numerosos
errores en la planificación y desarrollo de la acción militar, que culminaron
en el que ha sido conocido como el “Desastre de Annual”, donde el Ejército
español sufrió su más terrible derrota, frente a las cabilas rifeñas mandadas
por Abd-el-Krim y otros cabecillas.
Tras la
sucesiva pérdida de varias posiciones, el 22 de julio de 1921, el general
Silvestre ordenó la retirada desde Annual, en dirección a Melilla. Pero, lejos
de ser realizada en orden, se convirtió en una desbandada, como consecuencia
del pánico que hizo presa en los soldados. Cerca de 14.000 españoles, entre
ellos el propio general Silvestre (que al parecer se suicidó) y otros 4.500
soldados indígenas perecieron aquel día.
La heroica
actuación del regimiento de Caballería de Alcántara 14, mandado por el Teniente
Coronel D. Fernando Primo de Rivera, hizo posible que unos 3.000 hombres, al
mando del general Navarro, pudieran alcanzar la posición de Monte Arruit.
Las repetidas
cargas del regimiento de Alcántara, ocasionaron la muerte de la casi totalidad
de sus efectivos. El Teniente Coronel Primo de Rivera, considerado un héroe,
fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y tiene una estatua
ecuestre en la Academia de Caballería. El 1 de octubre de 2012, fue otorgada la
Laureada colectiva a todo el regimiento.
Finalmente,
tras una agotadora marcha, los supervivientes de Annual alcanzaron la posición
de Monte Arruit el 28 de julio. Un nuevo ataque de los rifeños provocó otra
desbandada en dirección a esa posición. Allí destacó el valor del capitán Félix
Arenas, que murió en el empeño de frenar la acometida de los rifeños, siendo
recompensado con la Laureada de San Fernando a título póstumo.
En el interior
de Monte Arruit, el general Navarro tuvo que soportar un duro asedio, hasta que
el 9 de agosto, agotadas las municiones y los alimentos, fue autorizado a
capitular. Se alcanzó un acuerdo, en virtud del cual los soldados, tras
entregar las armas, serían autorizados a regresar a Melilla, mientras que los
oficiales quedarían prisioneros hasta conseguir su rescate en metálico.
Sin embargo, el
pacto no fue respetado y todos los soldados fueron masacrados con gran
crueldad. Cuando, tiempo después, fue recuperada la posición, fueron
encontrados sus cadáveres insepultos, en medio de un hedor insoportable.
Se ordenó,
entonces, sepultar los 3.000 cadáveres en una gran fosa común en forma de cruz,
al pie de la cual fue erigida otra de madera, donde se les rindió honores con
unas coronas de laurel.
Allí
permanecieron hasta 1922, en que fueron exhumados y trasladados a Melilla,
recibiendo definitiva sepultura, por ahora, en el Panteón de los Héroes del
cementerio de la Purisima Concepción, que comentamos días atrás.
.svg.png)













No hay comentarios:
Publicar un comentario