viernes, 27 de febrero de 2026

La Cruz de Monte Arruit

         Los ataques llevados a cabo por los rifeños contra las posiciones españolas cercanas a Melilla, dio lugar al inicio de una campaña que, en teoría, intentaba pacificar el territorio, conquistando la plaza de Alhucemas.

         Al frente de las fuerzas iba el general Manuel Fernández Silvestre que cometió numerosos errores en la planificación y desarrollo de la acción militar, que culminaron en el que ha sido conocido como el “Desastre de Annual”, donde el Ejército español sufrió su más terrible derrota, frente a las cabilas rifeñas mandadas por Abd-el-Krim y otros cabecillas.

         Tras la sucesiva pérdida de varias posiciones, el 22 de julio de 1921, el general Silvestre ordenó la retirada desde Annual, en dirección a Melilla. Pero, lejos de ser realizada en orden, se convirtió en una desbandada, como consecuencia del pánico que hizo presa en los soldados. Cerca de 14.000 españoles, entre ellos el propio general Silvestre (que al parecer se suicidó) y otros 4.500 soldados indígenas perecieron aquel día.

 

         La heroica actuación del regimiento de Caballería de Alcántara 14, mandado por el Teniente Coronel D. Fernando Primo de Rivera, hizo posible que unos 3.000 hombres, al mando del general Navarro, pudieran alcanzar la posición de Monte Arruit.

 


         Las repetidas cargas del regimiento de Alcántara, ocasionaron la muerte de la casi totalidad de sus efectivos. El Teniente Coronel Primo de Rivera, considerado un héroe, fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y tiene una estatua ecuestre en la Academia de Caballería. El 1 de octubre de 2012, fue otorgada la Laureada colectiva a todo el regimiento.

 


         Finalmente, tras una agotadora marcha, los supervivientes de Annual alcanzaron la posición de Monte Arruit el 28 de julio. Un nuevo ataque de los rifeños provocó otra desbandada en dirección a esa posición. Allí destacó el valor del capitán Félix Arenas, que murió en el empeño de frenar la acometida de los rifeños, siendo recompensado con la Laureada de San Fernando a título póstumo.


         En el interior de Monte Arruit, el general Navarro tuvo que soportar un duro asedio, hasta que el 9 de agosto, agotadas las municiones y los alimentos, fue autorizado a capitular. Se alcanzó un acuerdo, en virtud del cual los soldados, tras entregar las armas, serían autorizados a regresar a Melilla, mientras que los oficiales quedarían prisioneros hasta conseguir su rescate en metálico.

 



         Sin embargo, el pacto no fue respetado y todos los soldados fueron masacrados con gran crueldad. Cuando, tiempo después, fue recuperada la posición, fueron encontrados sus cadáveres insepultos, en medio de un hedor insoportable.

 




         Se ordenó, entonces, sepultar los 3.000 cadáveres en una gran fosa común en forma de cruz, al pie de la cual fue erigida otra de madera, donde se les rindió honores con unas coronas de laurel.

         Allí permanecieron hasta 1922, en que fueron exhumados y trasladados a Melilla, recibiendo definitiva sepultura, por ahora, en el Panteón de los Héroes del cementerio de la Purisima Concepción, que comentamos días atrás.


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