lunes, 29 de diciembre de 2025

Sobre el significado de la corona en una coronación canónica

 

         Ha sido costumbre, desde hace tiempo, dotar de coronas a las imágenes de la Virgen y el Niño, como ocurría con la de la Virgen de la Peana, que, en este lienzo de Baltasar González, aparece con la corona que llevó desde fecha no conocida.


         Algo similar ocurre con la imagen sedente de la Virgen de Misericordia, en que, tanto ella como el Niño llevan coronas que, sin embargo, como en el caso anterior, son meros elementos ornamentales que nada tienen que ver con las coronas utilizadas en las coronaciones canónicas.

 


         En un artículo anterior comentamos el origen y desarrollo del rito litúrgico de las coronaciones canónicas, en las que se utilizan coronas mucho más ricas que, en la mayoría de los casos, tienen carácter votivo, al haber sido adquiridas con las aportaciones de muchos devotos.

 



         Son esas piezas de orfebrería, de diseño muy diverso, las utilizadas por los obispos (siempre un obispo) para proceder a la coronación canónica de las imágenes. A partir de ese momento, la corona ya no es solo un adorno, sino un símbolo litúrgico otorgado por la Iglesia que representa la realeza de María, y su retirada implica un cambio significativo en el estatus devocional y canónico de la imagen, porque forma parte indisoluble de la misma.

 

         Para proceder a la coronación canónica, la imagen es despojada de la corona que, hasta ese momento, había llevado y que no podrá volver a llevar. Así ocurrió en el caso de la Patrona de Borja Ntra. Sra. de la Peana, coronada el primer domingo de mayo de  1989, por el obispo de la diócesis D. Ramón Búase Otero, con ocasión del II Centenario de la devoción a la Virgen de la Peana.



         El acto tuvo lugar en la plaza de España, en el transcurso de una solemne Eucaristía, a la que asistieron bastantes personas, aunque menos de las esperadas, como puede apreciarse en estas imágenes.

 


         Estuvo presente en el acto el Presidente del Gobierno de Aragón D. Hipólito Gómez de las Roces, al que vemos en la imagen con el Alcalde de Borja D. Félix Martínez Lahuerta y otras autoridades. Se da la circunstancia de que el concejal que portaba el pendón de la ciudad, por ser el más joven, era D. Lorenzo Nogués Arrondo, recientemente fallecido.

 

         En el momento en el que el Sr. Obispo ciñó la corona en la cabeza de la Virgen, adquirió un carácter muy diferente a la que, hasta entonces, había llevado, de manera que, en opinión de especialistas en estos temas, esta nuevo corona no puede ser removida, salvo autorización expresa del Ordinario del Lugar, en casos excepcionales, pues se corre el riesgo de invalidar la coronación, cuando esa retirada responde al capricho de una persona.

 

         Este es el aspecto de la imagen con la corona que aquel día le fue impuesta, junto con otra al Niño. Había costado 1.545.855 pesetas, procedentes de los 6.567.164 pesetas que habían sido recaudadas, de las que se invirtieron 2.605.193 peseta en el arreglo de su capilla y 23.314 en la ornamentación del pórtico de la colegiata. Otros gastos fueron los de edición de publicaciones, que ascendieron a 443.571 pesetas y las 200.000 pesetas, entregadas como donativos (de 50.000 pesetas) a las congregaciones con misioneros borjanos: Padres Blancos, Hermanas de la Caridad de Santa Ana; Religiosas de Cristo Rey y Religiosas de la Consolación. Sumando todos los gastos, puede constatarse que hubo un superavit de 1.737.461 pesetas, entregado a la Asociación de la Virgen de la Peana.

 

         Resumiendo lo aquí expuesto, una corona canónicamente impuesta no puede ser retirada arbitrariamente de la imagen y, mucho menos, reemplazada por la que llevaba antes de ser coronada. Semejantes desatinos solo pueden ser fruto de la ignorancia, pudiendo llegar a tener graves consecuencias, como hemos comentado.


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