miércoles, 31 de diciembre de 2025

Hay que redescubrir los bizcochos de Borja

         Estos días, el belén de la Casa de Aguilar se convierte en lugar de reunión de muchas personas y allí se suscitan curiosas tertulias. Fue en una de ellas cuando volvimos a sorprendernos de que muchos jóvenes de cierta edad (mayores de 30 años) no habían oído hablar nunca de los bizcochos de Borja, algo realmente llamativo cuando, hasta hace no demasiado tiempo, los bizcochos eran el producto estrella elegido para obsequiar.

Hace seis años dedicamos un artículo a reivindicar estos dulces que, en el pasado, fueron una de nuestras señas de identidad y algo peculiar de nuestra cultura, por ser muy diferentes a los de otras zonas. 

 


         Los bizcochos de Borja, que aún se elaboran y pueden adquirirse en la plaza de las Canales, llevan como único ingrediente huevo, azúcar y un poco de harina. De su elaboración solían encargarse unas personas especializadas, las “bizcocheras”. Entonces, era un trabajo penoso pues el baño de azúcar que los recubre, dotándolos de su peculiar aspecto, había que aplicarlo en el alcabor o parte superior del horno, soportando altas temperaturas.

         Solía encargarse un batido o medio batido, peculiar manera de cuantificar el encargo. El batido estaba compuesto por 120 bizcochos y para su elaboración se requerían 30 huevos, 200 gramos de harina y el correspondiente azúcar, mientras que el medio batido era justamente la mitad.

         No era infrecuente facilitar los ingredientes necesarios a la bizcochera que batía los huevos, separando la clara, con la pequeña cantidad de harina. El recubrimiento blanco del bizcocho se consigue con las claras sobrantes mezcladas con azúcar.

 

         A diferencia de otras pastas, aunque pueden consumirse de cualquier manera, lo normal es mojarlos en leche o en agua fría, especialmente en verano, que es el mejor procedimiento para degustar sus cualidades.

         Consumirlos secos puede resultar difícil y de hecho, hemos llegado a conocer competiciones acerca del número de bizcochos que podían ingerirse así. Concretamente, en la calle Moncayo se organizó una para demostrar que era imposible llegar hasta la plaza de Santo Domingo, darle la vuelta (entonces no había fuente) y volver a subir, sin dejar de comer bizcochos sin la ayuda de agua.

         Mañana, daremos a conocer el nombre de la confitería que inventó los bizcochos, algo que muy pocos conocen y que descubrimos accidentalmente.


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