miércoles, 22 de abril de 2026

Islas de Cantabria I

         Comenzamos el recorrido por la costa cántabra en la isla de Montehano, situada en la reserva natural de las marismas de Santoña y que, en la actualidad, está unida a tierra por el norte. Tiene forma piramidal, con una altura de 186 metros y la mayor parte de ella está cubierta por un bosque tupido de eucaliptos.

 

         Allí se encuentra el convento de San Sebastián de Hano, una fundación franciscana, en 1441, aunque se tienen remotas noticias de un cenobio anterior. En el convento recibió sepultura, tras su fallecimiento el 17 de diciembre de 1597, Bárbara Blomberg, amante de Carlos V y madre de D. Juan de Austria quien, para corregir su vida disoluta, la envió a España para profesar en un convento, donde no permaneció mucho tiempo, pasando a vivir en Cantabria hasta su muerte.

         Tras la Desamortización, el convento pasó a manos privadas, hasta que, en 1879, la condesa de Casa Puente lo donó al obispado y allí se establecieron los capuchinos, donde siguen. El edificio fue declarado BIC en 1981, tras la restauración efectuada en 1978.

 

         La isla de Santa Marina tiene el privilegio de ser la de mayor extensión de todo el mar Cantábrico, con sus 18,5 hectáreas de superficie y una altura máxima de 30,6 metros. Está situada frente al municipio de Ribamontán al Mar, aunque es de propiedad privada.

 


         Cubierta de pradera, en buena parte de su superficie, la rodean rocas abruptas que hacen muy peligroso el acceso. Aunque en la Edad Media era conocida como isla de Don Ponce, el nombre actual procede la ermita que, dedicada a Santa Marina, fue edificada en ella.

         En 1407, el canónigo D. Pedro Gutiérrez de Hornayo fundó en la isla el primer monasterio de la orden jerónima en Cantabria, aunque por la falta de medios de subsistencia, los monjes se trasladaron a Corbán, donde fundaron un nuevo monasterio. Sin embargo, el canónigo siguió residiendo en el monasterio que había fundado y, en su iglesia fue enterrado, hasta que sus restos fueron trasladados al de Corbán, con el mausoleo que había mandado construir. En el siglo XVII, la isla pasó a manos de los Jorganes, cuya familia sigue teniéndola en propiedad, por lo que también suele ser conocida como isla de los Jorganes.

 

         En el fondo de la bahía de Santander, frente a la localidad de Pontejos, se encuentra la isla de Pedrosa que, con sus 10,4 hectáreas de superficie es otra de las mayores del Cantábrico.

 

         En 1869, se creó allí un lazareto como lugar de cuarentena para los tripulantes de los buques que llegaban a Santander, procedentes de zonas contaminadas. En 1909 fue transformado en Sanatorio Marítimo Nacional, al que se le dio el nombre de Víctor Meana, en homenaje a uso de sus médicos.

 


         Sus modernas instalaciones sirvieron para acoger niños tuberculosos, procedentes de varias regiones españolas. El rey Alfonso XIII lo visitó en 1914, para proceder a su inauguración oficial. Llegó a tener 600 camas y dejó de funcionar en 1969.

 

         A partir, de entonces, el abandono se cernió sobre los antiguos edificios que Hispania Nostra incluyó en su Lista Roja. Sin embargo, algunos edificios son parte de la Fundación Cántabra Salud y Bienestar Social, que han aprovechado las infraestructuras para proyectos con jóvenes drogodependientes en rehabilitación.

 


         Entre los edificios que han sido restaurados se encuentra el antiguo Teatro Infanta Beatriz, con una inversión de 200.000 euros, por parte del Gobierno de Cantabria, para convertirlo en Centro de Interpretación.

 

         Algunas de las fotos que hemos localizado, muestran que también se ha actuado en otros edificios. Mientras tanto, como ocurre en el Sanatorio de Agramonte, la isla es punto de destino para los amantes de los fenómenos paranormales, que intentan captar psicofonías de los niños que allí estuvieron alojados.


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