En el programa de las fiestas de 1985, junto con los Saludos del Alcalde y de la Comisión, el Párroco firmaba un artículo, titulado “Para honrar hay que agradar”. También saludaban, como en ocasiones anteriores la Agrupación Local del Partido de los Socialistas de Aragón y la Cámara Agraria Local, pero, en esta ocasión no había poesías.
La novedad radicaba
en las Reinas. Se abandonaba la costumbre de elegir una Reina de las Fiestas y
cuatro Damas de Honor, para introducir denominaciones que se habían impuesto en
otros lugares.
Así aparecían María
Pilar Almau, como Reina de la Elegancia; Begoña Anzano, como Reina de la
Amistad; Obdulia Pérez, como Reina de la Fotogenia y Lucía Lorente, como Reina
de la Simpatía.
Sus fotos eran
reproducidas en el programa de forma tal que unas se superponían a las otras,
impidiendo su individualización. Además, su calidad distaba de la que estábamos
acostumbrados en años pasados.



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