En la iglesia del convento de Santa Clara se conserva el retablo mayor de la que fuera iglesia del convento de San Francisco, el más antiguo de los establecidos en Borja. Desaparecido tras la desamortización, se conservan restos de su arquitectura en el lugar donde se levantó.
Al abandonarlo su comunidad,
ese retablo fue trasladado a la iglesia conventual de Santa Clara y, en la
actualidad, se encuentra situado en el testero derecho del crucero de su
iglesia.
Se trata
de un retablo manierista, cuyo autor no conocemos, por el momento, aunque el Dr. D. Alberto Aguilera ha localizado la capitulación para los trabajos de policromado
del mismo que fueron encargados al pintor Pedro de Ainzón, el 22 de abril de
1614.
Consta de dos cuerpos,
sobre banco, distribuidos en tres calles y rematado por un ático. La obra fue
modificada en el siglo XVIII, cuando se recubrieron las columnas estriadas con
cordobanes y se le añadieron las cornucopias laterales y las que aparecen sobre
las distintas casas. Más tarde se dispusieron papeles pintados, en tonalidades
rosáceas y marrones en las superficies planas.
A pesar
de estos cambios que lo desvirtuaron, sigue siendo una obra de interés que
queremos comentar, a partir de las excelentes fotografías realizadas por
Enrique Lacleta.
La
imagen titular representa a San Francisco de Asís en el momento de su
estigmatización. Nacido en Asís, en 1182, era hijo de un rico comerciante y, en
su primera juventud, llevó una vida disipada que, tras su conversión, abandonó
por completo, renunciando a toda su fortuna, para fundar un movimiento de
espiritualidad que se plasmó en tres órdenes religiosas, la de los hermanos
menores, la de clarisas y la tercera orden para los laicos. Su influjo fue
enorme y los franciscanos se convirtieron en uno de los soportes de la Iglesia
en momentos especialmente difíciles. Falleció el 3 de octubre de 1226, siendo
canonizado por el Papa Gregorio IX, dos años después.
En esta imagen el santo
viste el hábito franciscano, ceñido por el cordón blanco característico de la
orden que, habitualmente, tiene tres nudos que representan los tres votos de
pobreza, obediencia y castidad, aunque en este caso, como en el de los otros
santos del retablo el número de nudos es mayor.
Entre la variada iconografía del santo, se ha elegido el momento en el que, cuando se encontraba en una ermita del monte Albernia, en 1224, tuvo una visión de un serafín de seis alas. Posteriormente, ese serafín se transformó en el propio Cristo, haciéndole partícipe de las cinco llagas de su Pasión. Hasta la reciente rehabilitación de la Iglesia, de las llagas del Crucificado partían unos cordones rojos que iban hasta las manos y pies del Santo y a la llaga de su costado que se adivina en un desgarramiento del hábito.
San
Francisco ha sido uno de los pocos santos que ha sufrido los padecimientos
derivados de esas llagas, durante los dos años transcurridos desde la visión
hasta su fallecimiento. Por ello, suele ser representado con las manos
horadadas y el costado abierto.
En las
calles laterales, y a la altura del titular, se encuentran ahora otros dos
santos franciscanos que visten el hábito de la orden. El de la izquierda es San
Bernardino de Siena.
San Bernardino nació en las cercanías de esa ciudad italiana, en 1380, en el seno de una ilustre familia, siendo educado por una tía. Estudió Derecho en su ciudad natal y, a los 22 años, decidió profesar como franciscano. A pesar de las dificultades iniciales, se convirtió en uno de los más grandes predicadores de su época. Suele ser representado con tres mitras a sus pies, en alusión a su renuncia a ser consagrado obispo para las tres sedes a las que fue propuesto: Siena, Ferrara y Urbino.
Fue el
inventor del trigrama IHS en el centro de un sol radiante, que más tarde
adoptarían los jesuitas. Esas letras corresponden al nombre griego IHESUS
(Jesús). San Bernardino lo mandó grabar en una lámina que le acompañaba en
todas sus predicaciones. Suele ser representado con ella, aunque en el caso de
este altar, lleva un estandarte o bandera roja que, probablemente, vino a
sustituir al atributo original. Murió en 1444 y fue canonizado seis años
después.
En la
calle derecha se encuentra otro santo franciscano, frecuentemente asociado con
San Bernardino, del que fue discípulo. Se trata de San Juan de Capistrano que, como
comentamos en su momento, también aparece en el retablo mayor de este templo.
Nacido el 24 de junio de
1386, también pertenecía a una familia noble. Estudio Derecho en la universidad
de Perugia, llegando a desempeñar el cargo de gobernador de Perugia, donde
contrajo matrimonio. En esa ciudad fue hecho prisionero, en el curso de los
frecuentes enfrentamientos que se sucedían entre las ciudades italianas.
Durante su cautiverio, decidió imprimir un giro radical en su vida,
consagrándose a Dios.
Tras conseguir la
anulación de su matrimonio, que no había sido consumado, profesó como
franciscano y, como su maestro, se convierte en un extraordinario
predicador. Sirvió a varios papas en
misiones diplomáticas y fue el primer papa Borja, Calixto III, el que le encomendó
la que acrecentaría su fama.
En 1453, los turcos
habían conquistado Constantinopla, acabando con el Imperio Bizantino. Toda
Europa se veía amenazada. En su avance hacia Hungría, el ejército otomano había
sitiado Belgrado que se disponía a capitular. El papa envió refuerzos y a San Juan
de Capistrano que, con sus grandes dotes de oratoria y su virtud, levantó la
moral de los sitiados apareciendo en los lugares de más riesgo con una bandera
en la que mandó pintar el trigrama IHS, creado por San Bernardino.
El 22 de julio de 1456,
las tropas turcas se estrellaron ante la enérgica defensa y tuvieron que
retirarse. En reconocimiento a esta gran victoria, Calixto III introdujo en la
Iglesia el rezo del Ángelus. Sin embargo, cuando la peste apareció poco después
en las filas cristianas, se produjeron numerosas bajas, entre ellas la del
propio San Juan de Capistrano que falleció el 23 de octubre de ese año. No fue
canonizado hasta 1690.
Suele
ser representado llevando en su mano el estandarte que enarboló en Belgrado y
una cruz roja en el pecho. Curiosamente, la imagen de este retablo lleva la
cruz de Calatrava, una cruz flordelisada, en la forma utilizada por la orden de
los dominicos. Con ella aparece, también, en la otra imagen existente en el
retablo mayor de esta misma iglesia.
Al
inicio del artículo hacíamos referencia a la ubicación actual de las imágenes
de este retablo, porque en la capitulación encontrada por Alberto Aguilera, se
describen en posición diferente y, esto es más significativo, no se habla de
San Juan de Capistrano, sino que su lugar está ocupado por San Antonio de
Padua. De ahí, que podamos pensar en la posibilidad de una adaptación de las
imágenes originales, en un determinado momento, aunque no deja de ser una
hipótesis remota.
En un
próximo artículo, seguiremos comentando otros aspectos de este interesante
retablo.


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