El pasado sábado, por la mañana, asistimos a un acontecimiento histórico: el momento en el que D. Manuel Giménez Aperte accedía a uno de los monumentos más importantes de nuestra ciudad, que acaba de adquirir.
Bajo el
enlucido de sus paredes exteriores aparecen los sillares de lo que, en realidad
es una torre de notable antigüedad que, posteriormente, fue utilizada como vivienda
hasta época reciente.
En el interior,
bajo las capas de yeso, aparecen los sillares de piedra que conforman su estructura
y, en otros lugares, como la escalera, hay vanos ocultos muy bien conformados.
Pero, lo más llamativo
es la gran bodega existente en el sótano, con bóveda de medio punto y toda ella
de sillares. El hecho de que, en un determinado momento fuera dividida por un
muro, con el fin de soportar las estructuras superiores añadidas, al
convertirse en vivienda, le resta espectacularidad.
A diferencia de los sillares de las
plantas superiores, los de la bodega, llevan marcas de cantero, lo que permite
afirmar que esta estructura es mucho más antigua.
Cabe preguntarse acerca del origen
de este edificio. Han sido varias las atribuciones efectuadas. Se llegó a pensar
que era la casa de Juan de Coloma. Posteriormente, apareció un documento que mencionaba
la autorización concedida, en 1460, por Juan II de Aragón a Andalla Benamir y
su mujer Exenca, dos musulmanes borjanos, para construir un torreón fortificado
junto a la muralla. Desde entonces, se ha venido hablando del torreón de
Benamir.
Sin embargo, la presencia de marcas
de cantero hace retrotraer su construcción o, al menos, la de la bodega, a una
época mucho más anterior. Para el Dr. D. Alberto Aguilera no hay duda de que
corresponde al almacén de la Primicia de la iglesia de Santa María, aunque, más
tarde, pudo edificarse el torreón sobre él.
En cualquier caso, los trabajos que
se iniciarán próximamente, podrán dar respuesta a estos interrogantes y
servirán para recuperar definitivamente el edificio civil más antiguo que se
conserva en Borja, cuya importancia supera los límites de nuestra ciudad.
Ojalá, el nuevo propietario que tan
extraordinaria labor ha llevado a cabo en otros castillos, pueda llevar a cabo
la recuperación de esta torre, a la que podríamos dar el nombre de “Torreón de
Dª. Martina”.
Para nosotros, tras mucho tiempo de
espera, el inicio de la salvación de este elemento patrimonial constituye una
gran noticia, que viene a contrarrestar otras muy negativas que se han ido
sucediendo últimamente.



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