miércoles, 2 de septiembre de 2026

Tabuenca celebró la fiesta de sus mártires

         El pasado sábado, Tabuenca celebró, con una Solemne Eucaristía celebrada en la iglesia parroquial, la fiesta de sus tres mártires declarados beatos: los hermanos Tomás y José María Cuartero Gascón y fray Martín de San Nicolás

 


         El 23 de octubre de 1936 fueron asesinados en Manzanares los beatos José María de Jesús y María Cuartero Gascón y Tomás del Santísimo Sacramento Cuartero Gascón. Ambos eran hijos de Tomás Cuartero y Braulia Gascón. Tomás había nacido en Tabuenca el 22 de febrero de 1915 y José María lo hizo el 24 de abril de 1918.

         Cuando Tomás tenía 14 años fue enviado al seminario menor de Belchite, perteneciente a la archidiócesis de Zaragoza de la que, en aquellos momentos, dependía Tabuenca. Allí permaneció un año, ya que durante el curso académico de 1929-1930, tras una misión predicada por los PP. Pasionistas, decidió continuar los estudios en el colegio que esa orden tenía en la capital aragonesa al que también se incorporó su hermano con once años.

 

         Desde allí pasaron al noviciado de Corella, donde profesaron, siendo enviados después al convento de Daimiel (Ciudad Real) para estudiar Filosofía. Allí les sorprendió la Guerra Civil y el 21 de julio de 1936, fueron expulsados del convento y se les comunicó que podían abandonar la localidad.

 

Así lo hicieron en pequeños grupos, pero desde Daimiel avisaron a las estaciones siguientes donde fueron detenidos. Concretamente, los hermanos Cuartero Gascón fueron interceptados en Manzanares, junto con otros 12 alumnos, y el 23 de julio los fusilaron. Sorprendentemente no murieron todos. Tanto Tomás como José María sobrevivieron con gravísimas heridas.

Fueron llevados al hospital, donde padecieron horribles sufrimientos ya que José María tenía un tiro en la boca y a Tomás se le infectaron las heridas. Por otra parte, las vejaciones sufridas fueron constantes. Los milicianos que les vigilaban les amenazaban con sus pistolas, diciéndoles que los iban a matar. Finalmente, el 23 de octubre de 1936, fueron sacados del hospital y nuevamente fusilados. José María había cumplido en abril los 18 años y su hermano tenía 21. 




El 1 de octubre de 1989, San Juan Pablo II los beatificó en Roma, junto con sus compañeros mártires, con la denominación de “Beatos Mártires Pasionistas de Daimiel”, fijando su fiesta litúrgica el 24 de julio, fecha en la que fueron ejecutados la mayor parte de ellos.

 


         Sus cuerpos se veneran en el mismo convento pasionista del Cristo de la Luz de Daimiel, de donde partieron hacia el martirio. Bajo el altar mayor, existe una urna con restos de todos ellos.

 

         El tercer mártir es el beato fray Martín de San Nicolás, agustino descalzo martirizado en Nagasaki (Japón) el 11 de diciembre de 1632 y beatificado por San Juan Pablo II el 23 de abril de 1989.

          Había nacido en Zaragoza el 8 de noviembre de 1598, aunque pertenecía a una familia de Tabuenca, de donde eran sus padres que se habían trasladado a la capital aragonesa, en cuyo templo del Pilar fue bautizado el 10 de noviembre, con el nombre de Martín Lumbreras Peralta. Era el mayor de cuatro hermanos. El segundo, Juan Damián, murió intentando mediar en una pelea; Tomás fue agustino y hombre de reconocida virtud; mientras que la menor, Ana profesó como carmelita descalza.

            La familia solía pasar los veranos en Tabuenca y visitaban Borja, debido a que el prior del convento de agustinos descalzos de esta ciudad era familiar suyo. Por eso, cuando Martín que había sido educado en un ambiente muy religioso sintió la llamada de Dios, decidió ingresar en el convento borjano, donde en abril de 1618 su tío le impuso el hábito de la orden. Pasó después al de Zaragoza, para realizar el noviciado, y allí profesó el 1 de mayo de 1619, trocando su nombre por el de fray Martín de San Nicolás.

            Desde el inicio de su vida religiosa manifestó su deseo de ser misionero y el 7 de julio de 1622 pudo ver cumplidos sus sueños al zarpar de Cádiz, en compañía de otros doce religiosos, para viajar hasta México donde fue ordenado sacerdote. Desde allí volvió a embarcarse en otra expedición que salió del puerto de Acapulco, con destino a las Filipinas, desembarcando en Manila el 6 de febrero de 1623.

            Hasta aquellas islas llegaban las peticiones de ayuda de los cristianos japoneses que se encontraban sometidos a una dura persecución. A pesar de que las autoridades españolas no querían comprometerse en esta cuestión, los agustinos intentaban enviar misioneros a Japón, sorteando todo tipo de dificultades y recurriendo a mercaderes chinos que, mediante la entrega de importantes sumas de dinero, accedían a introducir clandestinamente a algunos frailes.


            El 4 de agosto de 1632, fray Martín, en compañía de fray Melchor de San Agustín, embarcó en un junco chino que, tras una durísima travesía le llevó a las costas de Kiushu, desde donde fueron caminando hasta Nagasaki, ciudad a la que llegaron el 4 de septiembre de 1632, encontrándose con la sorpresa de que los dos compañeros con los que pensaban contactar habían sido quemados vivos el día anterior. Muchos cristianos habían sido asesinados y la floreciente comunidad prácticamente había sido destruida.


Gracias al dominico fray Domingo de Erquicia pudieron huir a unos montes cercanos, donde bajo la protección de unos cristianos lograron sobrevivir dos meses. Pero, ante la falta de comida, los temporales a los que se vieron sometidos y la grave enfermedad que afectó a fray Melchor, decidieron entregarse a las autoridades. El 2 de noviembre de 1632 fueron encerrados en unas jaulas, donde permanecieron cuarenta días, con la promesa de que si abjuraban de su fe sería liberados. Finalmente, el 11 de diciembre de ese año fueron conducidos a un lugar público y atados a unos postes para ser quemados vivos. Señalan las crónicas que únicamente estaban sujetos por el dedo índice de la mano derecha para que, si se decidían a abjurar, pudieran liberarse del suplicio. Cuando la leña comenzó a arder, fray Melchor murió asfixiado muy pronto, pero fray Martín se mantuvo firme durante varias horas hasta que terminó consumido por las llamas.

    Unos comerciantes portugueses llevaron la noticia a Macao, en 1633, e inmediatamente se iniciaron los correspondientes procesos de beatificación que se demoraron mucho hasta que, finalmente, el 7 de julio de 1867, el Papa Pío IX proclamó beatos a 205 mártires de Nagasaki, pero, entre ellos, no se encontraban los dos agustinos, ya que en el proceso sólo figuraba la declaración de un testigo que hacía referencia a la muerte de “dos agustinos descalzos”, pero sin precisar su identidad. Afortunadamente, San Juan Pablo II beatificó a ambos el 23 de abril de 1989, celebrándose su fiesta litúrgica el 11 de diciembre (que corresponde a la de su martirio, como es habitual).


En 1997, con motivo de la jornada dedicada a “Fundaciones conventuales en Borja”, el Centro de Estudios Borjanos quiso honrar su memoria, dedicándole una lápida en el edificio levantado sobre el solar del antiguo convento de agustinos, cuyo texto es el siguiente:

            “En este lugar se alzó el convento de San Agustín, en el que, en 1671, ingresó el religioso agustino recoleto, oriundo de Tabuenca, FRAY MARTÍN DE SAN NICOLÁS (1598-1632) que el 11 de diciembre de 1632 alcanzó la palma del martirio en Nagasaki (Japón), siendo beatificado por S. S. Juan Pablo II el 23 de abril de 1989. En homenaje a su memoria, el Centro de Estudios Borjanos dedicó esta lápida el 25 de abril de 1995”.


 


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