jueves, 23 de abril de 2026

Islas de Cantabria II

Hoy vamos a comentar una serie de islas situadas en la bahía de Santander, entre las que destaca la isla de la Virgen del Mar, en donde se venera a la Patrona de Santander Se trata de una isla de 7,9 hectáreas muy próxima a la costa, a la que se une en bajamar mediante una flecha de arena, convirtiéndose entonces en un tómbolo. Está situada a poniente de Santander, cerca de San Román de la Llanilla.

 


 En la isla se alza una ermita construida en el siglo XV (cuando también se construyó un primer puente de madera que la unía con tierra firme), aunque posteriormente se reconstruyó.

 



         Es la más antigua de las imágenes de esta advocación pues, probablemente, data de finales del siglo XIII. Según la tradición apareció flotando sobre una tabla, siendo construido un santuario para venerarla, no muy lejos de donde la encontraron, ya que, si bien intentaron hacerlo en el interior, los materiales acopiados eran llevados de noche hasta la costa. La ermita data del siglo XIV y, en 1590, unos piratas robaron la imagen que volvió a aparecer sobre las aguas.

         Proclamada Patrona de Santander en 1979, fue coronada canónicamente el 25 de junio del año 2005. Su fiesta se celebra el lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés y cientos de devotos se congregan en torno a la ermita.

 


         A la entrada de la bahía de Santander se encuentra la isla de Mouro, a la que ya hicimos referencia, pues dio nombre a un patrullero de la Armada. Con una superficie de 1,7 hectáreas, en ella destaca el faro, que entró en funcionamiento en 1860. Su torre, de 18,39, sufrió varias modificaciones, hasta que, en 2004, recuperó su aspecto original.

         Como en todos los faros, la vida de los encargados de su mantenimiento era muy dura. En 1865, uno de los fareros perdió la vida al ser arrastrado al mar por una ola y, en 1896, otro de ellos murió repentinamente, en el transcurso de un fuerte temporal y su compañero, tuvo que convivir varios días con el cadáver, hasta que amainó.

         Ahora, el faro está automatizado, pero los temporales siguen ocasionando problemas, como el acaecido en 1996, cuando las olas destrozaron el sistema de iluminación, que no pudo ser reparado hasta varios días después, cuando, al amainar la fuerza del viento, pudo accederse a la isla.

 


         Frente a playa de los Bikinis se encuentra la isla de la Torre, un roquedal con apenas media hectárea de superficie. Durante la Guerra de Sucesión se instaló en ella una batería de artillería para proteger a la ciudad.

         En 1930, el Ministerio de Fomento otorgó una concesión a la Sociedad para el Fomento de Caza y Pesca, con el fin de construir su sede social en la isla. El edificio que, por su arquitectura, reviste indudable interés, está ocupado actualmente por la Escuela Cántabra de Deportes Náuticos.

 


         Junto a la anterior, se encuentra la isla de la Horadada, cuyo nombre responde a su peculiar forma. Sobre ella se asienta un pequeño faro. En torno a ella hay una leyenda asociada a San Emeterio y San Celedonio, Patrones de Santander.

 

San Emeterio y San Celedonio fueron dos jóvenes soldados, oriundos de Calahorra, que sufrieron el martirio durante la persecución de Diocleciano, precisamente donde fue edificada la catedral calagurritana.

Según la leyenda, sus cabezas fueron arrojadas al Ebro y tras recorrer todo el litoral peninsular, la cesta en la que viajaban llegó a la bahía de Santander, estrellándose en esa peña de la Horadada.

 


La versión histórica más aceptada es que sus restos fueron llevados a la capital cántabra, tras la invasión musulmana y allí se les tributó culto desde la Edad Media, siendo proclamados Patrones de la ciudad, el 30 de septiembre de 1791, por el Papa Pío VI. Sus cabezas se conservan en unos relicarios de plata en la iglesia del Santísimo Cristo y ellas son las que aparecen en el escudo de la ciudad.


         Lamentablemente, un fuerte temporal, acabó con el arco el 19 de enero de 2005. Era tan grande su valor simbólico que llegó a plantearse su reconstrucción, pero evaluado el presupuesto en 200.000 euros, se desistió de llevarlo a cabo.


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