jueves, 14 de junio de 2018

La bandera descubierta por dos investigadores de nuestro Centro


         El Centro de Estudios Borjano cuenta, entre sus más preclaros investigadores a D. Hugo Vázquez Bravo y a D. Ramón Vega Piniella, ambos formados en la Universidad de Oviedo y con una larga trayectoria como investigadores, de la que hemos dado cuenta en estas páginas, dada la importancia de sus trabajos, algunos de los cuales han sido publicados en nuestra revista Cuadernos de Estudios Borjanos o como monografía.
         El pasado mes de noviembre,  participaron en el primer congreso dedicado al linaje de los Fernández de Córdoba, que tuvo lugar en Alcalá la Real (Jaén), y en el que se tributó un mereceido homenaje al Prof. D. Manuel Peláez del Rosal, también muy querido en Borja, donde estuvo en el reciente congreso sobre “Juan de Coloma y su época”.  
Allí presentaron una ponencia en la que dieron a conocer los resultados de una investigación, en la que aún siguen inmersos, sobre las famosas “Cuentas del Gran Capitán” y su relación con la documentación que se conserva en Simancas.  Entre ellos destacó el descubrimiento del diseño del pabellón bajo el que luchaban el Gran Capitán y sus hombres, durante su segunda campaña en Italia, y también las dos únicas representaciones del general que por el momento se conocen, entre las que se le pudieron realizar en vida,  una cuestión sobre la que informaremos también en este blog.

Pero, en relación con la bandera que tanto interés ha despertado, lo más destacado ha sido la identificación del paño utilizado en su confección de color verde y pardillo.

Esos colores eran utilizados por Isabel I de Castilla para su representación, haciendo vestir con ellos, incluso, a las damas de su corte con telas traídas del extranjero. La tonalidad más o menos exacta se extrajo de los encargos hechos por dicha reina a Juan de Flandes, su pintor de cámara.  También han documentado que fue la soberana quien se los cedió al general para que los portase en una guerra a la que se acudía a defender los intereses del reino de Aragón, dando a entender que tanto ella como su marido poseían un proyecto sólido en común. Este dato ha podido constatarse, pues Alonso de Santa Cruz lo aporta en su crónica, en la descripción que hizo del sepelio de Gonzalo Fernández de Córdoba.



Por lo demás, la heráldica que se incluye en la reconstrucción que se presentó y ha aparecido en prensa días atrás, no es más que el resultado de un análisis comparativo que se realizó de buena parte de los blasones de los reyes que se conservan, pues no sólo se mostró que no había una forma canónica de representar sus armas, sino que el soporte en que iban incluidas, ya fuese piedra, papel o, como en este caso, pintadas sobre telas llamadas de damasco, condicionaba en buena parte su ejecución. De esta forma, por ejemplo, podían variar los colores empleados en cada elemento representado. La única salvedad reseñable, es la utilización el azul en el campo correspondiente al reino de Granada, y no el blanco, como suele ser lo habitual.
Posee también especial importancia el hecho de que, sin duda, esta misma bandera inspiró a la primitiva bandera de la ciudad de Málaga, ya fuese porque la reina otorgase esos mismos colores al Concejo, bien porque él mismo tuviese la oportunidad de escogerlos y optasen por copiar los del estandarte que conocieron mientras el Gran Capitán estaba con su ejército esperando a embarcar con destino a Sicilia.
Sin embargo, lo que quizás ha llamado más la atención es la afirmación de que es la primera bandera que conocemos que representa a España, lo que se fundamentó en los siguientes aspectos, cada cual tan complejo, no obstante, que ha generado un buen número de monografías.
Primeramente, porque aunque España no existía como tal, como muchos señalan con fortuna, el concepto sí estaba plenamente aceptado y difundido, pues la pretensión de cada cabeza rectora de los reinos ibéricos, durante los siglos que estimamos que duró la Edad Media, no fue sino la reunificación de todos ellos bajo una misma corona. No en vano, uno de los preceptos de la Reconquista era recuperar esa unidad de la que se gozó en tiempos de los visigodos.

Por otro lado, porque la unión que lograron los Reyes Católicos entre los reinos de Castilla y Aragón, aunque fracasó en su intención de incorporar Portugal en el reinado siguiente, terminó por dar lugar, en lo esencial, al Estado que actualmente llamamos e identificamos como España.




Una tercera razón, es que mientras en la guerra medieval cada mesnada de caballeros y peones combatían bajo la bandera del noble de quien eran vasallos y les mantenía, ésta es una de las primeras ocasiones en que la monarquía y, por tanto, el Estado, asume el gasto íntegro del ejército y campaña, por lo que dicha bandera representa a un ejército real, siendo los reyes aquéllos en quien recaía por entonces la soberanía.
También, porque aunque la heráldica que porta la enseña representa a los reyes de Castilla y Aragón, la documentación entre la cual figura esta orden de pago, que igualmente incluye el pago de las unidades del ejército de tierra, demuestra que la procedencia de los soldados que acompañan al Gran Capitán provenían de todos los rincones de la península ibérica, siendo principalmente castellanos, pero existiendo entre ellos un buen número de aragoneses, navarros, vascos e, incluso, portugueses.
Pero, sobre todo, porque tanto en Italia, como en las crónicas y tratados de época que versan sobre esta campaña, de entre los cuales citaremos la que publicó el Centro de Estudios Borjanos, con ocasión del V Centenario del fallecimiento del general cordobés, La conquista del reyno de Nápoles, con todas las cosas que Gonçalo Fernandes ha fecho después que partió de España, una y otra vez se habla de todos esos militares como españoles, y no de otra forma, como italianos se denominaba a aquéllos, sin precisar si su origen era napolitano, milanés, romano o de cualquier otra parte del país que conoció su unificación ya en el siglo XIX.

No hay comentarios:

Publicar un comentario