Ayer dimos cuenta de los errores
cometidos en la transcripción de una inscripción latina por un supuesto “especialista”
al que podría aplicarse el conocido dicho del maestro Ciruela. El hecho,
acaecido en Peñíscola, venía a poner de manifiesto la falta de preparación y el
desconocimiento del latín de que hacen gala los encargados de algunas
restauraciones. Pero, lo que relataba el Dr. Gil Albarracín, no se circunscribe
a una comunidad levantina, sino que está presente en todas partes. Concretamente,
el 22 de mayo de 2013, en un artículo publicado en este blog, bajo el título “La
conveniencia de saber latín”, llamamos la atención sobre lo ocurrido en Maleján,
en la restauración de su iglesia parroquial.