jueves, 4 de abril de 2019

Sobre los gigantes dedicados a un sacerdote y a una Virgen


         Al presenciar el desfile de un elevado número de gigantes como los que participaron en la pasada concentración de Borja nos llama la atención el espectáculo multicolor que ofrecen las figuras que integran la comitiva, si reparar que detrás de cada una de ellas existen razones poderosas por las que los vecinos de cada localidad decidieron construirlas. En el artículo que dedicamos a las representaciones de eclesiásticos que participaron en el desfile, hicimos alusión a un sacerdote que formaba parte de la comparsa procedente de Mataró.



         No sabíamos entonces que representaba, muy bien por cierto, a un personaje real al P. salesiano D. José-María Echarri, un gigante también desde el punto de vista personal que, en la década de los años 60 del pasado siglo, llegó a ejercer su ministerio pastoral a un conjunto de urbanizaciones, creadas por los inmigrantes llegados desde el sur de España a Mataró, en las que no existían los servicios más básicos.

         D. José María fue una figura clave en la organización del movimiento vecinal que hizo posible la profunda transformación de la zona hasta su conversión en lo que hoy es el barrio de La Llàntia. Muchos años después, en 2012, sus vecinos quisieron reconocer su ingente labor, dedicándole ese gigante que fue inaugurado el día de la fiesta de San Juan Bosco, con la asistencia de D. José María que entonces estaba destinado en el colegio salesiano de San Boi.



         El gigante porta en su mano derecha una lámpara, en alusión al barrio pues, en catalán “llàntia” significa “lámpara”, mientras que en sobre su hombro izquierdo lleva una pala, recordando que, con sus manos, levantó el barracón en el que celebraba la Santa Misa y que también sirvió de sede al primer movimiento vecinal.

         Nos lo ha recordado D. Raúl Rivarés Custardoy, que se define como “aficionado a estas cosas estrambóticas...”, el cual también nos ha ofrecido algunas precisiones sobre otro de los gigantes, en este caso de Zuera.




         Ya comentamos en nuestro artículo anterior que la figura del obispo “Lizerón”, hacía alusión a San Licer, uno de los patrones de Zuera, mientras que la otra, denominada “Salzita” representaba a la Virgen del Salz, la otra patrona de la localidad.



         Sus características, en cuanto a los ropajes y la corona que ciñe su cabeza quieren recordar a la bellísima imagen sedente de la Virgen, aunque en lugar del Niño que descansa sobre sus rodillas, se le ha dotado de la paloma que porta en sus manos y que es el símbolo heráldico del municipio.




         Agradecemos estas aportaciones que vienen a poner de manifiesto el mensaje “oculto” tras cada gigante, cuyo interés es indudable.

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