sábado, 12 de septiembre de 2020

Retrato desconocido del cardenal Soldevila

 

         Acabamos de adquirir este retrato del cardenal D. Juan Soldevila Romero, firmado por D. Elías García Martínez en 1921. Pintado al óleo sobre tabla, con unas dimensiones de 33 x 23,5 cm, viene a sumarse a otras recientes adquisiciones de este artista tan vinculado a nuestra ciudad, que fue el padre del escultor Honorio García Condoy y del también pintor Julio García Condoy.



         El cardenal Soldevila había nacido en 1843 en Fuentelapeña (Zamora) y, siendo canónigo de la catedral de Valladolid, fue nombrado Obispo de Tarazona en 1889. Visitó nuestra ciudad en varias ocasiones y, en 1901, fue promovido a la sede metropolitana de Zaragoza.

         El Papa Benedicto XV lo creó cardenal en el consistorio celebrado el 15 de diciembre de 1919, con el título de cardenal presbítero de Santa María del Popolo. Hacía poco que había finalizado la I Guerra Mundial y ese consistorio tuvo un carácter peculiar, dado que junto al arzobispo zaragozano fueron creados cardenales tres obispos de la República de Polonia, que había vuelto a recuperar su independencia. Uno de ellos era el arzobispo de Gniezno-Poznan, Primado de Polonia; otro el arzobispo de Varsovia y el tercero el obispo de Breslau, aunque como “cardenal in pectore”, posiblemente por temor a tensiones con Alemania que se había visto obligada a ceder esa ciudad por el Tratado de Versalles. Junto a los citados, también fueron creados cardenales en ese consistorio el Patriarca de Jerusalén, el Vice-Camarlengo de la Cámara Apostólica y el Nuncio en Austria.


         Durante su pontificado en Zaragoza, el cardenal Soldevila impulsó la creación de la Caja de Ahorros de la Inmaculada, así como de sindicatos católicos y de viviendas sociales. La capital aragonesa era entonces un activo foco del anarquismo y, desde esos sectores el cardenal se convirtió en blanco de aceradas críticas.

         El 23 de agosto de 1920 fueron asesinados los funcionarios municipales el arquitecto José de Yarza, el ingeniero César Boente y Joaquín Octavio de Toledo, escribano, fueron abatidos a tiros cuando reparaban el alumbrado público de la ciudad, en el transcurso de una huelga, como recodaron los medios de comunicación recientemente.



         Aún no se había extinguido el eco de aquel trágico acontecimiento cuando el 4 de junio de 1923 era abatido a tiros el cardenal arzobispo de Zaragoza cuando se disponía a entrar en la escuela-asilo que había fundado en El Terminillo (aún subsiste frente al Hospital Clínico), y solía visitar todos los días después de comer. El cardenal murió en el acto, mientras que el chofer y el sacerdote que le acompañaban resultaron heridos.



         Los autores del atentado fueron los anarquistas Francisco Ascaso y Rafael Torres Escartín que vaciaron los cargadores de sus pistolas contra el coche en el que viajaba el cardenal, matrícula Z-135. Fueron detenidos algún tiempo después. Ascaso consiguió fugarse de la prisión y murió en Barcelona, al inicio de la guerra civil, durante el asalto al cuartel de Atarazanas. Rafael Torres fue condenado a muerte pero, como consecuencia del desequilibrio psíquico que le fue diagnosticado, le conmutaron la pena por la de reclusión perpetua en un sanatorio. A pesar de ello, en 1939 fue fusilado en Barcelona.



         La conmoción provocada por el asesinato del cardenal fue enorme en todo el mundo, dado que hacía tiempo que no ocurría un hecho semejante en la persona de un príncipe de la Iglesia, aunque posteriormente hubo otros hechos similares.

         El sepelio del ilustre purpurado constituyó una gran manifestación de duelo en la capital aragonesa que, desde entonces, no ha vuelto a tener un cardenal. El desconocido retrato que hemos adquirido nos ha permitido recordar el trágico acontecimiento.


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