jueves, 23 de febrero de 2023

Imagen inédita del cardenal Casanova

 

         Entre las fotografías que nos ha remitido Dª. Mabel Mayor nos ha llamado especialmente la atención está en la que aparece un grupo de sacerdotes, en torno a dos prelados. El de la derecha, lo hemos reconocido inmediatamente, dado que se trata del cardenal D. Vicente Casanova y Marzol que tiene, tras él, a su “familiar” D. Marcos Casanova, con la mano apoyada en el respaldo de la silla del otro obispo.


         Hemos podido identificarlo plenamente y justificar el motivo de la entrevista que “inmortalizó” la imagen anterior. Había nacido en Somontín, un pequeño municipio de la provincia de Almería y, tras graduarse como bachiller en Artes en el Instituto de la capital, cursó los estudios eclesiásticos en el seminario de San Indalecio de Almería y, posteriormente, obtuvo el grado de Doctor en Teología y el de Licenciado en Derecho Canónico en el Seminario Pontificio de Granada, siendo ordenado sacerdote el 24 de abril de 1886.

         No es de extrañar que un hombre con su formación, desempeñara relevantes puestos, entre ellos el de canónigo doctoral de la catedra de Almería, tras ganar la correspondiente oposición en 1895. Allí le conoció D. Vicente Casanova, durante su etapa como obispo de esa diócesis y le apoyó decididamente para que pudiera ser ordenado obispo.


         En 1917 fue promovido a la sede “in partibus” de Antedón (curiosamente, más tarde lo fue monseñor Lefebvre), siendo nombrado Administrador Apostólico de Barbastro. Hay que recordar que, tras el concordato de 1851, dejaron de ser nombrados obispos residenciales de esa sede que fue regida, hasta 1950, por Administradores Apostólicos, cometido que ejercieron algunos prelados que luego fueron obispos titulares de Tarazona, como D. Isidoro Badía y D. Nicanor Mutiloa.


         El obispo consagrante fue el nuncio de S. S. en España monseñor Francesco Ragonesi, cometido que desempeñó entre 1913 y 1921, siendo creado cardenal al término de su misión en España, como era habitual hasta épocas muy recientes.



         En aquellos tiempos en los que se cuidaba el protocolo extremadamente, el nuncio fue recibido en la explanada de la estación de tren, a la que llegó procedente de Madrid, por una compañía de Infantería, con bandera y banda, que le rindió los honores de ordenanza. Para su partida de la ciudad, el Ministro de Marina puso a su disposición el transporte Almirante Lobo, con el que recorrió las plazas de Melilla y Ceuta, antes de desembarcar en Cádiz.


         Junto con monseñor Casanova, actuó como obispo co-consagrante D. Enrique Reig Casanova, entonces obispo de Barcelona que, a pesar de su segundo apellido, no tenía relación de parentesco con D. Vicente.

         Su trayectoria personal es digna de ser conocida pues es especialmente curiosa. Nacido en Valencia, a los 20 años ingresó en el seminario para cursar los estudios eclesiásticos, que abandonó cuando estaba a punto de concluirlos. Se licenció entonces en Derecho y comenzó a ejercer la abogacía, contrayendo matrimonio. Pero, en 1885, falleció su esposa a causa de la epidemia de cólera, sumiéndole en una profunda crisis que le impulsó a retomar los estudios eclesiásticos. En esta ocasión lo hizo en el seminario de Almería, donde coincidió con D. Emilio Jiménez. Fue ordenado sacerdote muy pronto, en 1886, continuando algún tiempo como profesor de ese seminario. Nombrado Vicario General de Mallorca, tras continuar su carrera docente en seminario de Toledo, fue nombrado Auditor de la Rota en 1904. En 1914, fue nombrado obispo de Barcelona y, en 1920, arzobispo de Valencia, desde fue promovido a la sede primada de Toledo y creado cardenal en 1926. Allí falleció al año siguiente.


         Siendo D. Vicente Casanova el responsable, en buena medida, del nombramiento de D. Emilio Jiménez, no es de extrañar que celebraran esa reunión de la que han quedado algunas fotos, como esta otra de peor calidad, en la que si algo llama la atención es la modestia en el atuendo de ambos obispos, especialmente en el caso de nuestro paisano.

         Lo que no podemos afirmar es dónde tuvo lugar la reunión que, en nuestra opinión, debió ser en el verano de 1918, el siguiente a la ordenación de D. Emilio al que, muy probablemente fue a visitar D. Vicente a Barbastro, aprovechando sus vacaciones estivales. Si hubiera sido en Borja, además de su familiar, habría en las fotografías algún otro sacerdote de nuestra ciudad, cosa que no ocurre.


         Cuando en 1921 D. Vicente Casanova fue promovido a la sede de Granada, en Almería se suscitó un movimiento en favor de le sustituyera D. Emilio Jiménez, pero no pudo lograrse y terminó falleciendo en Barbastro el 13 de noviembre de 1926, con solo 63 años. Fue sepultado en la capilla de la Asunción de la catedral. En su lápida figura una inscripción en latín, cuya traducción, junto con otros datos, hemos tomado de la página de su localidad natal en la que se ensalza su figura:

         “Manténganse firmes, señores, y hagan sus oraciones con dolor y duelo. Aquí yace el obispo, un buen hombre sin engaño, el guía Emilio Jiménez, el pastor del redil de Cristo, a quien la ciudad de Barbastro ha llorado de amor durante mucho tiempo. Que disfrute de los gozos de la paz en el abrazo del Señor, quien era un piadoso amante de la paz en la tierra.”





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