sábado, 18 de febrero de 2023

Sorprendente noticia de la cofradía de San Bartolomé

         Ha sido D. Javier Bona López quien nos ha remitido escaneado (por el Ayuntamiento de Zaragoza) un ejemplar del diario La Voz de Aragón, correspondiente al domingo 30 de agosto de 1931, en el que se incluye una referencia a un suceso acaecido en Gallur donde, por cuestiones de riegos, se enfrentaron dos vecinos (cuyos nombres se expresan) en la parte de “El Arba”, resultando herido uno de ellos por los disparos de escopeta que efectuó el otro. La información finalizaba afirmando que “dadas las grandes simpatías con que cuentan agresor y víctima, ha causado en el vecindario de Gallur enorme impresión”. 


         Pero, el especial interés de este ejemplar del periódico estriba en la extensa crónica, firmada por D. Emilio Alfaro Lapuerta, sobre la cofradía de San Bartolomé con noticias de la misma que desconocíamos.

         D. Emilio había nacido en Borja el 16 de febrero de 1903 y, desde muy joven, se decantó por la actividad periodística, primero en El Día y, posteriormente, en La Voz de Aragón, pasando más tarde a dirigir la Hoja del Lunes. Persona estimada y muy querida en nuestra ciudad, de la que fue Cronista, su incansable actividad se proyectó a otros lugares de Aragón, alcanzando logros tan importantes como la salvación del palacio de Sada en Sos del Rey Católico o el propio palacio de Sástago, entre otras muchas cosas.


         El artículo al que nos estamos refiriendo no tiene desperdicio. Publicado a toda página llevaba un extenso título: “El tipismo que vuelve. Una fiesta interesante que Borja recobra. En el primer año de la segunda República los cofrades de S. Bartolomé se ponen al corriente de sus morosidades con el Santo”, que resulta un tanto equívoco en relación con lo que relata.

D. Emilio que confesaba ser miembro de la cofradía, efectuaba una crónica de cómo venía celebrándose tradicionalmente la fiesta de San Bartolomé en Borja, hasta unos años antes en los que la procesión de la tarde fue trasladada (nos imaginamos que por decisión de los responsables eclesiásticos) a la mañana, lo que provocó el enfado de los buenos “bartolomeos” (así denomina a los cofrades) que consideraban un desdoro para su Patrón, dado que todas las procesiones importantes tenían lugar por la tarde.

Como respuesta a ello, dejaron de asistir a la fiesta y no fue representado el dance; también dejaron de pagar las cuotas a la cofradía y alguno hubo que el día 24 de agosto se encerró en casa, como expresión del pesar que les embargaba.

Pero, afortunadamente, llegó la II República (no hay que olvidar que el periódico es del año 1931) y, merced a los buenos oficios del Alcalde, que lo era D. Isidro Lacleta Andía (por renuncia de D. Baltasar González), la procesión salió por la tarde y el dance se representó en la plaza de la República (la actual plaza de España). Los cofrades abonaron sus cuotas y, al día siguiente, acudieron en masa al Santuario con banda y todo.

Lo que ocurre es que a la crónica no le faltaba cierta intención política. Decía D. Emilio (cuyas simpatías por el nuevo régimen eran evidentes) que, en la Junta de la cofradía, “hubo vivas al alcalde republicano”, porque, a pesar de las discrepancias políticas que pudiera haber entre sus miembros, les unía la fe en su Patrón.

Luego, las cosas cambiaron y no sabemos si tuvo ocasión el cronista de dejar constancia de la decisión de aquella idílica república de prohibir las procesiones y otras manifestaciones religiosas. De ello se han hecho eco otros investigadores borjanos.


 

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