Entre una serie de documentos que recientemente han sido depositados en el Centro, hemos encontrado una octavilla en la que aparece mecanografiada una interesante composición poética que, inmediatamente, llamó nuestra atención.
Pero,
su importancia se acrecentó al percatarnos de que su autor era Maximino Cano,
estando datada en Borja en 1916. Nos encontramos, por lo tanto, ante una obra
posiblemente inédita de este personaje cuya relación con nuestra ciudad ignorábamos.
De
Maximino Cano Gascón no hemos encontrado ningún retrato pero es bien conocido
que nació en Huesca en 1892. Cursó la carrera de Magisterio, graduándose en
1910, siendo su primer destino la escuela de Maleján. Es posible incluso que
residiera en nuestra ciudad, dada la escasa distancia existente entre ambos
municipios, pero en cualquier caso, llegó a enamorarse de esta tierra, hasta el
punto de escribir un canto a Borja que nos ha impresionado y en cuya estrofa
final declara con pasión: “Mi alma orgullosa dirá siempre al mundo: Yo fui de
la hermosa ciudad el poeta. ¡Yo fui su juglar!”. La reproducimos al final y
tenemos el propósito de editarla, ya que ha pasado desapercibida en nuestra
ciudad.
Fue
amigo del también oscense Ramón Acín Aquilué (1888-1936) que fue quien ilustró
la portada de su poemario El primer amor,
publicado en Huesca en 1920. Incluía poemas de resonancias modernistas y
relatos. Hemos intentado sin éxito conseguir un ejemplar para comprobar si en él
aparecía este canto a Borja, pero en la Fundación Ramón Acín, conservan el
libro, en el que no creemos que figure. Si eso fuera así, se trataría de una
poesía inédita. Ramón Acín le ayudó posteriormente en sus innovadores proyectos
educativos.
Porque,
tras ejercer en varias localidades de la provincia de Huesca, unas disputas
familiares relacionadas con la herencia de su padre, le llevaron a iniciar un
peregrinaje por diversos lugares de España: Campillo (Málaga), Sanlucar la
Mayor (Sevilla), Caravaca (Murcia) y Lechago (Teruel), hasta que, en 1930,
llegó a La Huerta, una aldea de Las Hurdes que, en aquellos momentos, era una
de las comarcas más deprimidas de España.
Para entonces
había entrado en contacto con las ideas del gran pedagogo comunista francés
Célestin Freinet (1896-1966), difusor de un revolucionario método de enseñanza
inspirado en el krausismo y el marxismo que fomentaba la participación de los
alumnos.
Maximino
Cano las puso en marcha en Las Hurdes, llegando a crear unos periódicos
escolares que editaban sus alumnos en una pequeña imprenta que posiblemente
había sido financiada por Ramón Acín.
En
1933, fue trasladado a la escuela de Montijo y allí coincidió con Juan José
García Martínez de Tejada, cuya colaboración fue decisiva para la difusión del método
de Freinet, llegando a crear otro periódico y hasta una emisora de radio.
Pero,
tras el inicio de la guerra civil, los maestros fueron detenidos y fusilados la
mayor parte de ellos. Maximino se salvó gracias al decidido apoyo del párroco
de Caminomorisco y de los vecinos de La Huerta.
En
1940 pudo volver a ejercer la profesión en esa localidad. Durante la guerra
falleció su esposa, a la que había conocido en las Hurdes y uno de sus hijos,
quedando al cuidado de otros tres. En La Huerta volvió a contraer matrimonio y
tuvo más hijos.
Su
recorrido por escuelas de toda España le llevó después a Asturias y a Castilla,
alcanzando la jubilación el año 1958 en Medina de Rioseco. Murió en Ponferrada
en 1973. En recuerdo y homenaje a ese gran maestro, transcribimos a
continuación ese excelente “Canto a Borja”:
¡Oh
Borja querida!... Ciudad adorada
que
en mágicos sueños miré con amor...
Ha
tiempo quisiera mi lira olvidada,
cantar
tu hermosura, tu gloria pasada,
tu
vega pletórica de luz y color...
Tus
bellos paseos, tus huertos floridos,
del
plácido Huecha el sonoro crital;
la
suave ambrosía de cien escondidos
jardines
do instalan las aves sus nidos,
glosando
romanzas de amor ideal.
Rubia
como el oro, musa soñadora,
despierta
en mi lira la dulce canción.
Y
así, con tu auxilio, mis versos ahora,
dirán
la hermosura de esta encantadora
ciudad
que es la perla del noble Aragón.
Cual
rica sultana dormida entre flores,
¡Oh
Borja! descansas en bello jardín;
tu
vega está llena de suaves rumores;
te
arrullan las aves diciéndote amores,
y
el río te cuenta misterios sin fin.
Aquellos
que adoran los campos, las flores,
las
claras fontanas de limpio cristal,
las
frondas dormidas do sueñan amores
alegres
jilgueros y mil ruiseñores
en
tanto suspira la brisa estival.
Aquellos
que gusten de hermosos paisajes,
de
cielos azules cual bello zafir;
de
arroyos ocultos en verdes follajes
y
auroras vestidas con tenues celajes,
y
suaves reflejos de sol al morir
que
vengan a Borja. Verán la armonía
que
tiene su vega, su rico vergel;
sus
huertos do vive la eterna alegría;
del
alto Moncayo la cumbre bravía...
Paisajes
que dieran la gloria a un pincel...
Los
montes poblados de mil olivares;
los
campos vestidos de verde color;
las
claras fontanas entre los millares
de
ricos viñedos, veredas, cañares,
molinos,
praderas y nidos de amor...
¡Oh
Borja adorada!... Ciudad silenciosa...
Ya
calla mi lira su pobre cantar...
Me
vuelvo al misterio... Mi alma orgullosa
dirá
siempre al mundo: Yo fui de la hermosa
ciudad
el poeta. ¡Yo fui su cantor!
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