En
Mallén existió siempre una arraigada devoción a la Virgen del Rosario,
expresión de la cual es la existencia de una calle dedicada a esa advocación
mariana, donde se encuentra una hornacina de la que parten todas las auroras
que se cantan en esa localidad.
Como
informamos, en su momento, la hornacina fue profanada, siendo necesario
construir otra muy cerca de ella, como puede verse en esta fotografía. En un
tríptico de la Asociación Cultural Belsinon se señalaba que, desde 1772, está
documentada la existencia de una cofradía dedicada a la Virgen del Rosario en
Mallén, de igual forma que el nombre de la calle ya existía en 1805.
Esa
cofradía debió ser la que aparece reseñada como “Cofradía de las Almas”, en la
venta judicial que, de conformidad a un Real Decreto de 19 de septiembre de
1798, se llevó a cabo de todos los bienes de las cofradías que existían
entonces en ese municipio. En concreto, eran la cofradía de la Sangre de
Cristo, la de las Almas, la de la Virgen del Puy y la de Ntra. Sra. de
Novillas.
Esa
venta, ordenada por Carlos IV para hacer frente a los gastos de la guerra fue,
de hecho, la primera desamortización a la que, durante el mismo reinado,
siguieron otras contando con la autorización de los Pontífices, a diferencia de
lo que ocurrió con la de 1835.
La
enajenación de los bienes de hospitales, casas de misericordia, obras pías y
cofradías, provocó un grave quebranto en los recursos que tenían para su
mantenimiento que, en muchas ocasiones, no eran demasiado abundantes. En el
caso que nos ocupa, la cofradía disponía de un campo de seis hanegas y otro de
tres cahices, ambos en el lugar de Novillas. Posiblemente, ello provocó la
crisis de la cofradía.
Porque
lo cierto es que el 18 de febrero de 1816 los miembros de la misma se reunieron
para proceder a dotarse de nuevas constituciones para el gobierno de esa
cofradía del “Santísimo Rosario y Almas del Purgatorio”, a la que en otro punto
se la denomina “de Nuestra Señora del Rosario, con la invocación de las Almas
del Purgatorio”.
El acto
estuvo presidido por fray José Ortiz y Bardají, prior del convento de dominicos
de la ciudad de Borja, con comisión del fray Anselmo Bauluz, prior del convento
de Magallón. Esto es así, porque las cofradías del Rosario quedaban bajo la
tutela de la Orden de Predicadores y, en concreto, del convento más próximo,
que en este caso se consideraba que era el de Magallón.
Por su
interés, reproducimos todo el documento con el texto de esas constituciones aprobadas
el 26 de diciembre de 1818, que, como los restantes reproducidos en este
artículo proceden del archivo de la familia Zapata que estamos catalogando.
Los
puntos que la integran son los habituales en cuanto a la entrada y obligaciones
de los cofrades que no podían ser más de 70. Entre sus cometidos aparece el de
proveer de cera al altar de la Virgen del Rosario, celebración de misas y
aniversarios por sus miembros y celebrar de manera “solemnísima” la fiesta de
la Virgen del Rosario le primer domingo de octubre. Se establecía también que
sus cofrades acompañaran con dos hachas al Santísimo Sacramento siempre que
saliera para dar el Viático a algún moribundo “hasta que la cofradía del
Santísimo se arregle”, lo cual nos indica que también la hubo, aunque no
atravesaba por su mejor momento.
Otro
documento conservado lleva fecha de 4 de diciembre de 1818 y es la comunicación
dirigida por los cofrades al prior del convento de Magallón, dando cuenta del
fallecimiento del carmelita descalzo fray Sebastián de la Virgen del Carmen que
había sido regente de la parroquia y capellán de la cofradía desde el momento
de su renovación. Para sustituirle proponían a fray José Sebastián, un
franciscano que se había hecho cargo de la parroquia, detalle significativo el
que los dos regentes pertenecieran, en esos momentos, al clero regular y no al
secular.
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