viernes, 11 de diciembre de 2020

Una obra que nos faltaba de Ruperto Aznar

 

         Ayer recibimos la donación de una serie de programas de fiestas de Borja, realizada por un colaborador al que no pudimos agradecerle personalmente su gesto, dado que por las actuales circunstancias las dejó en la planta inferior, sin acceder a nuestras oficinas.

         Entre los programas venía una obra que nos ha hecho gran ilusión, dado que no habíamos podido conseguirla hasta ahora, a pesar del empeño que habíamos puesto. Se trata de la que lleva por título Flores que brotan del campo, cuyo autor fue el gran vate de Fuendejalón D. Ruperto Aznar Sanz y fue editada por Heraldo de Aragón, del que era corresponsal, en 1929, tras haber sido galardonada en un certamen de coplas baturras celebrado en Caspe.


         El libro, de cuyo contenido ofrecemos una muestra con coplas de amor o dedicadas a localidades de la comarca, fue prologado por D. Manuel Casanova Carrera (1889-1961), un periodista andaluz que trabajaba en Heraldo de Aragón, del que llegó a ser director entre 1934 y 1938 y que mantuvo una relación sentimental con la gran pianista Pilar Bayona.

         El epílogo corrió a cargo de otro escritor. En este caso D. Gregorio García-Arista Rivera (1866-1946), que había nacido en Tarazona y que calificaba a Ruperto Aznar como el “último bardo”, destacando que, sin recurrir a ningún tipo de propaganda, vendía más ejemplares de su obra que muchos escritores españoles. Para él, la consagración del poeta había tenido lugar en ese certamen de Caspe, por lo que jugando con el resultado del “Compromiso”, concluía afirmando: ¡Dadle paso que, si aquel fue D. Fernando de Antequera, éste es D. Ruperto el de Fuendejalón!


         Ruperto Aznar Sanz (1878-1957) tiene dedicada actualmente la Biblioteca Municipal de su localidad natal, Fuendejalón, donde fue también organista de su iglesia parroquial  y Director de la Banda de Música. 


         En nuestro Centro hemos procurado reunir toda su producción bibliográfica. Teníamos ya su primera obra Al pie del Moncayo, a la que ha venido a sumarse la que nos acaban de donar. En nuestra opinión, son las únicas que pueden ser consideradas libros.



         Porque, si bien en la contraportada de la obra que estamos comentando se indican otras obras suyas, en realidad se trata de impresos como los titulados Horror al juego y El arte de enamorar que también conservamos.



         Pero, además, tenemos otros que no aparecen reseñados allí. Concretamente los que se titulan Recuerdo del acto de inauguración de los riegos de Agón y Bisimbre, y Dedicatoria a la Santísima Virgen del Pilar.







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