En la obra que el que fuera Rector de la Universidad de Barcelona, D. Ramón Manuel Garriga Nogués, dedicó al Santuario de Misericordia en 1902, se daba a conocer que las casas de Moncín, que aún subsistente en ese paraje cercano al Santuario, habían sido construidas, a mediados del siglo XIX, “por D. Anselmo Urra, Magistrado del Tribunal Supremo”.
Al
hablar de esas edificaciones y de la pequeña casita que, con el nombre de “Villa
Moncín” se encuentra junto al camino, hoy carretera, hicimos referencia a este
personaje que no pudimos incluir en nuestro Diccionario
Biográfico, al no encontrar ningún dato suyo, a pesar de que recurrimos
incluso a D. Javier Urra, entonces Defensor del Menor, ante la posibilidad de
que fuera descendiente suyo, dada la coincidencia de apellido.
Ha
sido ahora, a raíz de la visita recientemente efectuada al Santuario de
Misericordia con los periodistas de Heraldo
de Aragón, cuando hemos retomado este tema, con la sorpresa de haber podido
reconstruir su biografía que queremos dar a conocer (Deben abstenerse de leerla
aquellas personas que ignoran que esta es una función primordial de los
historiadores).
Anselmo de Urra y Cereceda había nacido en Artajona, una preciosa localidad navarra que conserva buena parte de su recinto amurallado. Era hijo de D. José de Urra y Macaya también de Artajona y de Dª. María Pilar de Cereceda y Choseland, nacida en Verguizas (Soria). El 15 de septiembre de 1830 contrajo matrimonio con Dª. Estefanía de Tejada y Santamaría, nacida en Alfaro.
Cursó
la carrera de Derecho, probablemente en Zaragoza, y entró al servicio de la
Administración. El 25 de enero de 1833 fue nombrado Alcalde Mayor de Alhama
(Castilla la Vieja). Ese cargo correspondía
a la Administración de Justicia y fue el precedente de los Jueces de Primera
Instancia que los reemplazaron en 1834.
No obstante, el 24 de noviembre de 1833, D. Anselmo Urra había sido nombrado Corregidor de Borja, donde tomó posesión el 8 de diciembre, desempeñándolo hasta el 29 de junio de 1835. Este dato podría habernos puesto, en su momento, sobre la pista del personaje pero nos pasó desapercibido dado que en la relación de corregidores que hizo constar en su obra Rafael García, aparece como “Antonio Urra Cereceda”.
Desde Borja marchó a
Pamplona ya que había sido nombrado Alcalde de Corte de Navarra, un importante
cargo dentro del sistema judicial del antiguo reino cuyos miembros, más tarde,
pasaron a formar parte de la recién constituida Audiencia Provincial, en
calidad de Magistrado, como hizo él.
Sin
embargo, tras la revolución de 1840, D.Anselmo Urra se negó a reconocer la
autoridad de la Junta Provincial creada en Pamplona: “Ni los juramentos que he
presado, ni mis principios políticos, bien conocidos desde el año 1820 hasta el
día de hoy, no me permiten reconocer ninguna autoridad que no emane de las
reales prerrogativas y de la constitución política de la monarquía española”. Por
lo tanto, fue separado de su plaza.
El
23 de diciembre de 1843, siendo Ministro de Gracia y Justicia D. Luis Mayans,
fue llamado para desempeñar el cargo de oficial del mismo, formando parte de
las ponencias en las que se abordaron disposiciones importantes como el decreto
de reorganización de la Guardia Civil, de 13 de mayo de 1844.
Durante su permanencia
en el Ministerio, tramitó las pruebas para el ingreso, como Caballero, en la
Orden de Montesa, requisito indispensable para el nuevo cargo que le iba a ser
conferido, el de Ministro del Tribunal Especial de las Órdenes Militares (16 de
marzo de 1846).
El 21 de mayo de 1862, por
jubilación de D. Vicente Valor, fue nombrado Magistrado del Tribunal Supremo, donde
se jubiló el 1 de octubre de 1866, con los honores de Presidente de Sala.
Debió de fallecer muy
pronto, dado que en el número de La
Correspondencia de España, de 9 de octubre de 1870, aparece la esquela correspondiente
al cuarto aniversario en la que se indican que todas las misas que se celebren
el 10 de octubre (posible fecha del óbito) en la iglesia parroquial de San
Martín serían aplicadas por su alma, firmando la esquela “su hija y hermanos”.
Esta es, por lo tanto,
la sucinta historia del personaje que construyó las fuentes y casas de Moncín,
aunque ese nombre de “Moncín” corresponde al apellido de su anterior
propietario, perteneciente a una familia borjana ya extinguida.
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