jueves, 12 de mayo de 2022

Testimonio contemporáneo de los sucesos de 1936 en nuestra zona

 

         Fue D. Javier Bona quien nos puso sobre la pista del ejemplar del diario El Día Gráfico, correspondiente al día 7 de octubre de 1936, dado que en el mismo se incluía una extensa crónica de lo acaecido en nuestra zona, tras el 18 de julio.

         Dada la escasa existencia de noticias contemporáneas, conseguimos adquirirlo, como testimonio de la visión que del curso de la guerra se tenía desde el bando republicano. El periódico se editaba en Barcelona y como se aclaraba en su cabecera “redactado, confeccionado y administrado por trabajadores constituidos en régimen cooperativo”.


         Había sido fundado en 1913 por D. Juan Pich i Pon, un republicano radical que fue alcalde de Barcelona durante unos meses de 1935. Con él colaboraron el escritor D. Manuel Marinello Samuntà y el periodista D. Santiago Vinardell Palau.

         Una de las características de este diario era la información gráfica que ofrecía en unos momentos en los que no era frecuente. Por sus dimensiones de 47 x 31 centímetros no podemos escanearlo completo, pero esta imagen corresponde a la portada de ese número de 1936 en la que se insertan 7 fotografías de la manifestación celebrada el 6 de octubre, con un protagonismo especial del POUM.


         Tanto en la contraportada como en las dos páginas centrales había otras muchas fotografías que reflejaban de manera positiva el curso de la guerra, la presencia de ministros en Barcelona, dos entierros de combatientes caídos en el frente de Aragón o la entrega de una bandera por los camaradas del PSUC a los “milicianos de la Victoria de la columna Libertad, centuria 17”. Hemos seleccionado esta foto del cañonero Laya, amarrado en el puerto de Cartagena, con su dotación en cubierta, correspondiendo a las aclamaciones del pueblo.

         Esos marineros, bajo la dirección del auxiliar de artillería Fernández Vázquez, se habían hecho con el control del buque en la noche del 18 al 19 de julio, deteniendo a su comandante el C. C. D. José Ramón Rodríguez y Gil de Atienza y a sus oficiales que, al amanecer fueron transferidos al crucero Libertad, en el puerto de Tánger, adonde habían arribado varios buques. El 3 de agosto fueron asesinados junto con otros muchos oficiales de la Armada. El Laya llegó a Cartagena donde el 23 de julio se hizo cargo del mismo como comandante el A. N. D. Fernando de la Rocha que lo llevó al puerto de Valencia, de donde no salió y allí fue hundido el 15 de junio de 1938.


         Tras esa digresión naval, reproducimos parte de la crónica que nos interesaba, destinada “para que lo lean nuestros milicianos del frente de Aragón” con el título “En la zona del Moncayo la Guardia Civil facciosa y los falangistas cometieron tal número de asesinatos, que el propio obispo de Tarazona pidió clemencia y le amenazaron con fusilarle también”.

         En aquellos momentos era prelado de la sede turiasonense D. Nicanor Mutiloa Irurita, que estuvo al frente de la misma entre 1935 y 1946, año en el que falleció. Había nacido en Pamplona en 1874 y profesó como religioso redentorista, orden de la que llegó a ser provincial de Castilla. Consagrado obispo de Barbastro en 1928, llegó a Tarazona para ocupar la sede que había dejado vacante D. Isidro Gomá al ser nombrado arzobispo de Toledo.

         Que el P. Mutiloa era una excelente persona no cabe la menor duda y que pudo interceder para detener los desmanes que se cometieron los primeros días de la guerra es posible, pero que fuera amenazado tan gravemente parece improbable. Todas las informaciones recogidas en el artículo fueron facilitadas por el alcalde de Litago D. Nicolás Iguarben Moncayo que, tras una increíble peripecia, pudo llegar a la zona republicana huyendo de su localidad.

         En cuanto a los datos que ofrece relativos a Borja son los siguientes: “En Borja, los asesinatos comenzaron por el Ayuntamiento, cayendo muertos los concejales y su anciano y querido alcalde don Baltasar González. Igual suerte siguieron varios directivos de Izquierda Republicana”. Como es sabido, D. Baltasar fue fusilado en la carretera de Tierga pero no le acompañaron en su trágico fin los restantes concejales, ni tenemos constancias de que, entre los fusilados de nuestra ciudad, hubiera directivos de Izquierda Republicana.

         Respecto a Bulbuente, se afirma: “Bruno Pellicer y Pellicer, Miguel Pellicer y tres parientes de don Ricardo García, conocido miembro del Frente Popular de Madrid, fueron asesinados en Bulbuente, así como otras muchas personas”.

         Según los resultados de una minuciosa investigación, en Bulbuente fue fusilado el citado D. Miguel Pellicer Lamana; los hermanos D. Domingo e D. Ismael Lahuerta Sanmartín y la madre de ambos Dª. Pilar Sanmartín Espinosa. Además fue fusilado allí  el farmacéutico de Tarazona D. Román Latorre Luna, que era natural de Bulbuente y, también lo era D. Miguel Diago Borja, aunque residía en Borja donde fue detenido y fusilado en Novallas. Ni de Bruno Pellicer ni de esos tres parientes de D. Ricardo García hemos podido encontrar datos.

         Hay que tener en cuenta las imprecisiones en las que pudo incurrir la persona que tan precipitadamente se había fugado y parece altamente improbable que, al margen de sus circunstancias personales, pudiera tener noticia de lo que estaba ocurriendo más allá de su municipio. Tuvo que contar el periódico con otras fuentes y las circunstancias de un país en guerra debieron influir para magnificar los datos. Aunque no hemos estudiado lo ocurrido en Tarazona pero la cifra de “más de trescientas cincuenta personas fusiladas” hasta el 15 de agosto de 1936 parece muy alta. En toda nuestra comarca, el número de ejecutados durante toda la guerra fue de 383.

         Como estamos viendo ahora en el caso de Ucrania, las informaciones que distribuye cada bando contendiente no son fiables, dado que tienden a fomentar el entusiasmo de sus gentes con datos muy alejados de la realidad.

         Las declaraciones de Durruti afirmando que “en cuanto caigan Huesca, Zaragoza y Teruel, los facciosos habrán perdido la guerra”; las declaraciones del ministro de Obras Públicas con sus impresiones “francamente optimistas” respecto a las operaciones en el frente; la noticia de que “los fascistas huyen abandonando a sus muertos en el sector de Teruel” o las “numerosas bajas” sufridas por los facciosos en Vizcaya y Álava son ejemplos de lo que se difundía en este número del diario, aunque también incluía la advertencia del Comité militar del P. S. U. C. acerca de que la “ponderación rija la moral de los de la retaguardia”, dado que “el exceso de optimismo también es nocivo”.

         Para terminar, queremos hacer referencia a una curiosa información publicada en lugar destacado bajo el título “Pronto serán expuestas las obras de arte que estaban en poder de la iglesia y de la burguesía”. El artículo anuncia que “cuando hayamos vencido al fascismo” las obras salvadas por la generosa entrega de los Sindicatos de Artistas, podrán cumplir en los museos “la alta misión civilizadora y educativa que les está encomendada. Entonces el pueblo podrá darse cuenta de lo que en materia de Arte existía en Cataluña y que por estar en poder de las órdenes religiosas y de la burguesía les era vedado conocer y estudiar”, con el agravante de que el mal estado en el que han sido encontradas “señala las mentalidades obtusas y tacañas de sus poseedores”. Para el articulista, las “obras de grandes maestros de todas las épocas se han pasado siglos en lúgubre oscuridad de iglesias y conventos, o en la casa de un aristócrata, que pocas veces las tenía con la estima merecida y que su egoísmo impedía siempre que las obras de arte fueran conocidas por el pueblo”. Como puede constatarse, la lectura de este periódico nos ha resultado sumamente ilustrativa.





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