Hemos recibido el nº 14 de la revista que edita el Centro de Estudios de la Tierra de Ágreda y
el Moncayo soriano, una publicación excelente, tanto por su presentación
como por sus contenidos que, por proximidad geográfica, abordan temas de mucho
interés para nosotros.
Antonio Vera Mayor nos ofrece la tercera entrega de su serie
sobre parajes del término municipal de Ágreda; Francisco Javier Palacios Moya
aporta nuevos datos de la biografía de Casta Esteban Navarro, la esposa de
Gustavo Adolfo Bécquer; Jesús Hernández Jiménez presenta dos cartas del siglo
XIV sobre las aguas del río Añamanza; Aurelio Cebrián Abellán comenta la
situación de la Comunidad de Villa y Tierra de Ágreda en 1750; se incluye
también un detallado inventario de los relojes de sol en la Tierra de Ágreda,
realizado por ese gran especialista que es Pedro J. Novella; Salustiano López
Orba trata sobr D. Fadrique de Aragón, conde Luna, y su relación con Ágreda y
las tierras del Moncayo, con una mención al castillo de Trasmoz; y Félix
Vitoria Gómez nos describe el itinerario de Ágreda a Los Fayos.
Pero hay dos artículos que nos han interesado especialmente.
Uno de ellos es el de Reyes Omeñaca Hernández en el que, con el título “El robo
de Beratón” analiza minuciosamente el asalto en toda regla perpetrado por una
banda de facinerosos, en febrero de 1874.
Procedentes de Noviercas, llegaron hasta Beratón cuando sus
habitantes se encontraban reunidos en la iglesia parroquial y, desde ella,
fueron sacando a los que consideraban de mejor posición social, para
desvalijarlos en sus casas.
Lo que no se imaginaban es que la contundente respuesta que
siguió, de resultas de la cual fueron muertos tres bandoleros y capturados los
restantes, dando lugar a un dilatado proceso del que el autor del artículo
ofrece su desarrollo y el desenlace final.
El otro artículo lo firma Pilar Ruiz Cacho y trata sobre lo
acaecido en un torneo organizado en Ágreda en 1606 que dio lugar a un grave
enfrentamiento, como consecuencia del cual fue incoado un procedimiento
judicial. Además de presentar un vivo retrato de la sociedad de la época, nos
permite conocer que este tipo de divertimentos medievales eran más frecuentes
de lo que, en un principio, pudiera parecer, dado que no sólo se organizaban en
las grandes ciudades, con ocasión de determinados eventos, sino que tenían
lugar también en otras localidades, aunque para el caso de Borja no hemos
encontrado, hasta ahora, documentos que prueben el que aquí se llevaran a cabo.
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