sábado, 29 de abril de 2023

El sentido y los límites de la acción restauradora

         Castillo de Garcimuñoz es el nombre de una localidad de la provincia de Cuenca que, en 2022, tenía 128 habitantes censados. Entre su patrimonio destaca el castillo que, como el municipio, es conocido como castillo de Garcimuñoz.

         Se trata de una histórica fortaleza que perteneció al señorío de Villena y, en ella, residió el infante D. Juan Manuel, el hermano de Alfonso X el Sabio, donde escribió buena parte de su producción literaria. Pero, sobre el primitivo castillo que había edificado D. Juan Manuel se levantó el actual, por orden de otro ilustre personaje D. Juan Pacheco, creado marqués de Villena por Juan II de Castilla. Su hijo Diego López Pacheco se opuso a la subida al trono de Isabel la Católica y, luchando contra él, falleció muy cerca del castillo el poeta D. Jorge Manrique.



         En 1663, D. Juan Manuel Fernández Pacheco, VIII marqués de Villena, concedió permiso para que en una de las crujías del castillo fuera edificada una iglesia dedicada a San Juan Bautista, lo que provocó la destrucción de buena parte del monumento, por entonces abandonado por los marqueses. Las piedras y sillares de sus dependencias interiores fueron utilizadas para la construcción del templo, cuyo campanario se alzó sobre una de las torres del castillo. Ya en 1835, la parroquia adquirió todo el recinto del castillo para utilizarlo como cementerio y, desde entonces, todo el conjunto es propiedad de la Iglesia que, en 2000, lo cedió al Ayuntamiento de la localidad por un período de 50 años.

 


         Esta es la sucinta historia de un castillo que había llegado hasta nuestros días en muy mal estado. Seguir la evolución de su restauración no es tarea fácil, dado que no hemos encontrado información precisa sobre posibles obras de consolidación previas a la intervención final a la que nos referiremos. En este sentido ignoramos si el aspecto que presenta la remozada puerta de acceso que se ve en esta fotografía, en contraste con la anterior, corresponde a ella o es anterior.

 

         Fue en 2003, cuando el Estado (las competencias pasaron por diversos ministerios, debido a las sucesivas reestructuraciones de la Administración) sacó a concurso la rehabilitación del castillo, de cuyo interior fue eliminado el cementerio que lo había ocupado y se realizaron excavaciones que pusieron de manifiesto las estructuras conservadas del castillo de D. Juan Manuel.

         La redacción del proyecto fue adjudicado a la arquitecta Dª. Izaskun Chinchilla, aunque las obras se prolongaron durante bastantes años, entre otras razones por quiebra de la empresa constructora que las había asumido inicialmente.

 

Izaskun Chinchilla se graduó como arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid en 2001, con las más altas calificaciones académicas. Según la información difundida por ella, desde esa fecha dirige su propia firma Izaskun Chinchilla Arquitectos. Es Senior Teaching Fellow y Senior Research Associate en Bartlett School (University College of London) donde dirige la Unidad Docente 22. Profesora de Proyectos en la Ecole Spéciale d’Architecture (París). Profesora Asociada de Proyectos Arquitectónicos en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. Tiene una dilatada experiencia en docencia en tanto en grado, Head University Geneva, Universidad de Alicante, Universidad San Pablo Ceu, Instituto de Empresa como en postgrado, Institut d´Arquitectura Avançada de Catalunya (Barcelona) y Universidad Europea de Madrid. Ha sido investigadora becada en Universidades Internacionales como Columbia University (The Center on Organizational Innovation in Columbia University’s Institute for Social and Economic Research) o Princeton University.


                               


Los arquitectos José Ramón González Cal y Joaquín López López definían así su trayectoria profesional en 2017: “La arquitectura de Izaskun Chinchilla, formada en la Escuela de Madrid, apadrinada por el académico y catedrático Luis Fernández Galiano, apoyada en una escusada -hoy apropiada- identidad emprendedora de género y una gran capacidad intelectual para organizar seductores discursos teóricos, transita por terrenos ideológicos en búsqueda de nuevos campos muy fértiles para la fast-architetture, como la sostenibilidad, la ecología, lo digital, la reversibilidad, lo online y últimamente el reciclaje.

Sus dos únicas obras construidas publicadas, al margen de su profusa producción cool de instalaciones, decorados y happenings efímeros, son dos rehabilitaciones en Castilla-La Mancha: una Casa Solariega en Carmena y el Castillo de Garcimuñoz. La casa mencionada es la que aparece en esta última fotografía y del castillo vamos a hablar a continuación.

 




         Las obras de restauración tuvieron un presupuesto de 3.000.000 de euros, sin que hayamos llegado a conocer las verdaderas razones de tan notable inversión, precisamente en este castillo. Fueron concluidas en 2016 y, desde entonces, el resultado final ha estado rodeado de polémica, suscitando opiniones encontradas en relación con el proyecto de la arquitecta.

         Un miembro de la Junta Directiva de Hispania Nostra visitó recientemente el lugar y, aunque no pudo penetrar en el interior por estar “cerrado hasta la nueva temporada”, viendo la estructura de acceso y lo que se intuía entre los barrotes de la puerta, publicó en Youtube un duro reportaje con el título “Cómo destrozar un castillo” que ha sido el que nos ha incitado a conocer más datos sobre lo que allí sucedió.



De entrada, la arquitecta se manifestó contraria a “la fantasía de reconstruir la arquitectura histórica a través de sistemas imitativos”. Para ella, ese tipo de reconstrucción “resulta agresiva para el patrimonio”, siendo “partidaria de adaptar esas arquitecturas históricas a nuestro tiempo”, “siempre desde una arquitectura contemporánea, comprometida con su tiempo”.

 

         Así es como ha quedado el interior de la fortaleza, todo un bosque de acero galvanizado y metacrilatos multicolores, con una gran torre con el ascensor que permite el acceso a las almenas. Sin embargo, como señalaba Izaskun Chinchilla, todo tiene un carácter temporal y “casi todos los elementos incluidos en el proyecto pueden ser transportados por dos personas y todos pueden ser desmantelados. Se trata de un proyecto completamente reversible”.

 


         Desde luego, esas dos personas terminarían agotadas, pues tan solo para mover las 200 tapas de alcantarilla instaladas en las torres, ya se requiere un considerable esfuerzo.

 


         El proyecto incluía dos espacios exteriores para proyección de películas y otras zonas de uso cultural, así como una cafetería (creemos que no llegó a terminarse), todo ello con el propósito de dinamizar la Cultura de esa localidad y convertirla en centro de atracción turística. Sus habitantes, no obstante, se quejan hasta de la incomodidad de esos asientos de diseño en los que, al parecer, es difícil permanecer mucho tiempo.

 




Tampoco los interiores han escapado a la pasión diseñadora de la arquitecta, con un resultado que, como hemos dicho, despierta pasiones encontradas. Los más cercanos critican esos espacios exteriores que no pueden ser utilizados la mayor parte del año (“la señora arquitecta no sabe lo que es un clima continental de Castilla”). Por supuesto, los asientos o los baños traslúcidos, la imposible climatización del conjunto o las cabinas multimedia totalmente obsoletas”.

 

         Pero, hay otras opiniones que alaban el resultado final de este “experimento” que se aleja de intervenciones tales como las de Paradores, también alejadas de la realidad, pero que gustan, porque algunos viejos conservacionistas prefieren que las obras se adapten a sus gustos, en lugar de abrir las ventanas para entre el aire nuevo de una arquitecta que rompe moldes.

         Ella, al comentar su trabajo indica que, “como prevé la Carta de Atenas y los acuerdos internacionales posteriores, que la obra nueva se distinga con claridad de la antigua”, algo que evidentemente en este caso ha logrado hasta cotas inimaginables.

         Más dudoso es que los materiales utilizados se caractericen por “una gran durabilidad con escaso mantenimiento”, sobre todo teniendo en cuenta que esa carga recae en un pequeño ayuntamiento con escasos recursos. El tiempo nos dirá cuál será el resultado de esta millonaria intervención.

 


         Por el momento, frente a los que, lisa y llanamente, se oponen a este tipo de actuaciones, debemos reflexionar sobre la deriva adoptada por determinadas corrientes intervencionista, no sólo en las restauraciones arquitectónicas, sino también en los proyectos museísticos. ¿Quién está equivocado? ¿Es posible encontrar un punto de equilibrio? ¿Tiene sentido invertir cantidades tan importantes para servir a actitudes innovadoras no exentas de un deseo de protagonismo? Mientras tanto, “disfrutemos” con esta visión aérea del castillo de Garcimuñoz, una parte del cual sigue ocupado por el templo de San Juan.


 

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