viernes, 14 de abril de 2023

Releyendo a Vicente Blasco Ibáñez

 

         Entre los libros que integran la reciente donación de la familia Arbizu-Bonel, se encuentran muchas obras literarias de interés. La presencia de las obras completas de Vicente Blasco Ibáñez nos ha permitido volver a tomar contacto con uno de los escritores más destacados de la transición entre los siglos XIX y XX.




         La figura de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) es compleja pues a su condición de eximio representante del naturalismo dentro de la Literatura española, se une su condición de ferviente republicano, masón, anticlerical y, en cierto modo, de “enfant terrible” de la vida política nacional, lo que le llevó a la cárcel y al exilio en varias ocasiones. Pero su actividad literaria gozó del reconocimiento del público de una forma que, posiblemente, no ha llegado a alcanzar ningún escritor español.



         Sus obras alcanzaron en Estados Unidos tiradas increíblemente altas y algunas de ellas fueron llevadas a la pantalla, teniendo como protagonistas a las estrellas del momento. Ganó muchísimo dinero, lo que despertó las envidias de otros escritores, que siempre lo consideraron un autor de obras “populares”.

 



Vivió buena parte de su vida en una villa que mandó edificar en Menton (Costa Azul) a la que dio el nombre de “Fontana Rosa” que, en la actualidad está siendo restaurada, tras haber sido declarada monumento histórico en 1990.

 


         Desde allí partió en otoño de 1923 para emprender un crucero alrededor del mundo, a bordo del Franconia, un transatlántico de la Cunard (el segundo con ese nombre) que con sus 183,30 metros de eslora y 20.175 toneladas de desplazamiento era, en aquellos momentos, uno de los más lujosos buques dedicados al transporte de pasajeros.



         A lo largo de varios meses, recorrió Estados Unidos, Cuba, Panamá, Hawai (aún no era un estado más de la Unión), Japón, Corea, Manchuria, China, Macao, Hong Kong, Filipinas, Java, Singapur, Birmania, India, Ceilán, Sudán, Nubia y Egipto, muchos de esos países todavía bajo ocupación colonial.

         El viaje era coordinado por la American Express, que ofrecía la posibilidad de combinar las singladuras a bordo con recorridos terrestres, acompañados por expertos guías. Blasco Ibáñez lo hizo en varias ocasiones durante semanas.

         No perdió el tiempo mientras tanto, ya que rentabilizó su viaje a través de las crónicas periodísticas que enviaba y le eran abonadas a precio muy elevado. Al mismo tiempo, era objeto de recibimientos apoteósicos en cada puerto, donde recibía invitaciones de admiradores e, incluso, de los más altos dignatarios del país.

 

         Al regreso escribió La vuelta al mundo de un novelista, en tres volúmenes, que alcanzó otro éxito extraordinario. Hemos disfrutado estos días leyéndola por vez primera y nos ha sorprendido la gran cantidad de datos e informaciones que incluye de cada uno de los países visitados. Ojalá los hubiéramos conocido cuando estuvimos en ellos.

         Es muy probable que, entre los seguidores del blog, haya muchos que no conozcan la obra de este novelista español, olvidado por unos y otros, más que por sus libros, que también, por las circunstancias que rodearon su vida. Pero, merece la pena releerlo o hacerlo por vez primera.



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