Cuando
recientemente hicimos alusión al estado en el que se encontraba la Casa de
Aguilar cuando fue adquirida por la Diputación Provincial, hubo quien nos acusó
de faltar a la verdad ya que, en su opinión, el edificio distaba mucho de
encontrarse gravemente amenazado como habíamos señalado.
Es
cierto que el anterior propietario había efectuado obras de reforma que
mejoraron el aspecto exterior de la Casa, que seguía siendo uno de los motivos
más habituales entre las postales dedicadas a nuestra ciudad.
Pero, en muchas ocasiones, el aspecto exterior de un enfermo puede engañar hasta los propios médicos que, solamente al intervenir, descubren la realidad de su estado. Eso es lo que les ocurrió a los técnicos de la Diputación que tuvieron que adecuar el edificio para sede de nuestro Centro.
En
el futuro de un edificio intervienen fundamentalmente el estado de sus
cubiertas y el de los muros maestros y elementos portantes, sin olvidar la
estabilidad de sus cimientos.
En
el caso que nos ocupa, sabíamos que muchos de los problemas se derivaban de la
existencia de unas bodegas cegadas cuya ubicación se desconocía. De ahí, que
antes de que se iniciaran las obras, el propio Centro acometió a sus expensas
la búsqueda y el desescombro de las mismas, ante el temor de que se evitar
acometer esta cuestión, como ha ocurrido por ejemplo en una de las alas de la
Casa de las Conchas, donde también hubo bodegas que se cegaron con escombros en
el siglo XX.
Pudimos
encontrarlas, descubriendo que se encontraban parcialmente rellenas con
escombros depositados allí en el transcurso del tiempo y anegadas por el agua,
lo que comprometía gravemente la estabilidad del edificio, dándose la
circunstancia que el suelo de la estancia que hoy ocupa el almacén de libros y
en la que se habían instalado en el pasado unas jaulas de conejos, estaba
constituido por una plancha de hormigón, sin forjado, dispuesta sobre el
escombro, de manera que la retirarlo se derrumbó sobre los obreros que
trabajaban abajo, sin que afortunadamente se produjeran víctimas.
Otra
cosa que descubrieron los técnicos es que buena parte de la carga del edificio
recaía en ese gran pilar que existe en el patio cuya base penetra hasta la
bodega y que se encontraba prácticamente en el aire, por lo que hubo que
reforzarlo una vez desescombrada la bodega.
Como
puede apreciarse en esta imagen en la que se ve la luz a través de los vanos de
la arquería superior, hubo que cambiar toda la cubierta, dado el pésimo estado
en que se encontraba, tanto en la parte correspondiente a los antiguos salones
como en lo que eran graneros y dependencias de servicio.
En
la primera la cubierta se resolvió con tableros de madera manteniendo, cuando
fue posible, las antiguas vigas convenientemente tratadas aunque otras hubo que
reemplazarlas por otras nuevas (a la derecha de la fotografía).
En
los graneros y pajares, hoy utilizados como almacén, el estado de los rollizos
de madera era tan deplorable que se optó por una cubierta de vigas de hormigón.
Pero
veamos el estado de otras partes de la Casa. En concreto, estas fotografías
corresponden a la escalera principal que hubo que rehacerla por completo y
dotar a la cúpula de la linterna original reemplazada por un vano cuadrado del
que pendía una cadena que había sostenido un farol que fue retirado antes de la
venta.
Del
rellano en el que desembarcaba la escalera principal partía otra más pequeña
que daba acceso a las dependencias superiores y a una vivienda que se había
creado cortando la altura del salón principal.
Porque,
como puede verse aquí, lo que hoy es el Salón de Actos, estaba cortado por un
forjado de maderos y en sus paredes existían falsos vanos, con la
particularidad de que aquí como en otros lugares de la casa, existían grandes
huecos tabicados que fue preciso macizar.
Algo
parecido sucedió con la actual Sala de Investigadores que era la vivienda
principal, en donde tras ser retirados los muros de rasilla que la
compartimentaban fue necesario acometer una reestructuración de sus vanos,
reforzar las paredes y, sobre todo, de los forjados sobre los que, en esta zona
y en otra de la casa, se dispusieron otros a los que van atornillados los
maderos antiguos que hubo que limpiar de la cal que los recubrían.
En
la última planta, la arquería estaba abierta dando a una zona que no se usaba,
aunque se había intentado compartimentarla para convertirla en vivienda que no
llegó a terminarse. Ahí es donde se tuvo que actuar para reemplazar las
cubiertas y adaptarla finalmente para oficinas.
Se
ha comentado también el estado del alero y lo que se había hecho en él. Lo que
posiblemente se ignora es que el alero lateral había sido cortado en época
indeterminada y, en la restauración, se le volvió a dar el vuelo original,
igual que en el de la fachada principal. Esta zona, que no fue objeto de un
tratamiento especial es la es objeto de una vigilancia periódica, dado que el
estado de conservación del alero dista mucho de ser el más adecuado por lo que,
en algún momento, será preciso consolidarlo.
Los
comentarios que hemos ofrecido han sido ilustrados con las fotografías que
teníamos en nuestro archivo pero, en el servicio de edificios provinciales
existen otras mucho más ilustrativas del estado de la Casa cuando se hicieron
cargo de ella sus técnicos y las patologías que encontraron en el edificio,
aunque las que hemos mostrado nos sirven de aproximación a la realidad, al
margen de las apreciaciones personales que cada uno podamos hacer sin un
conocimiento profundo de la cuestión.
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