jueves, 18 de agosto de 2022

Visitamos el convento de Gotor

 

         Teníamos mucho interés en visitar Gotor para conocer el estado en el que se encontraba el antiguo convento de dominicos de Nuestra Señora de la Consolación, uno de los que la Orden de Predicadores tuvo en la provincia de Zaragoza, fundado en 1522 por D. Jaime Martínez de Luna, un miembro de la esclarecida familia de los Luna que fue virrey de Cataluña.


         El convento fue abandonado por los religiosos en 1835, como consecuencia de las leyes desamortizadoras, y salió a pública subasta. Ante la falta de licitadores, en 1843 fue adjudicado al Ayuntamiento que lo había pedido para albergar allí a las escuelas y utilizar el templo como parroquia.

         Por entonces, su estado ya era muy deficiente, como consta en la escritura de cesión: “En la Iglesia nueve altares deteriorados sin frontales estropeados y arrancados, algunos cuadros = sin confesionarios rotos = un banco de pino grande = La sacristía sin más que las paredes = Refectorio, sin bancos ni cosa. alguna; En el órgano parte de armatoste o armadura sin ningún registro = Todas las celdas sin puertas ni cerraduras = el coro únicamente con celosías = Once balcones de yerro faltando en la mitad de ellos los travesaños por la parte de abajo = Cinco rejas exteriores y cuatro en lo interior del edificio = Las ventanas y puertas de lo interior a excepción de cinco puertas todas se hallan arrancadas sin que aparezcan en el edificio, sin encontrarse relox ni otra armadura advirtiéndose en lo restante del edificio mucha parte de los tejados y suelos deteriorados por falta de cuidado y algunos de ellos amenazando ruina”.

         Allí estuvieron las escuelas y, posteriormente, las viviendas del maestro y el médico, pero no sabemos si la iglesia llegó a recuperar un uso religioso, aunque en 1949, a pesar de las protestas de los vecinos, el párroco vendió diversos bienes, entre ellos el retablo mayor a un anticuario de Barcelona. Cuando el templo fue registrado como bien de dominio público, no hace demasiado tiempo, el obispado de Tarazona comunicó que en sus archivos no se conservaba documentación de ningún tipo sobre bienes ni derechos en relación con ese edificio, por lo que no cabe duda de que el párroco vendió lo que no era suyo.


         Cuando en 2001, el edificio fue declarado Bien de Interés Cultural, el proceso de ruina de había acelerado, al ser sometido a un despojo continuado. Sin embargo, merced al empeño del Ayuntamiento se iniciaron las obras de restauración que ya eran una realidad cuando Hispania Nostra decidió incluirla en su Lista Roja del Patrimonio. Ante diversas reclamaciones, se circunscribió a su iglesia que todavía permanece, aduciendo su completo estado de abandono con razones que ya no son ciertas.



         Fruto de las intervenciones realizadas con fondos del Gobierno de Aragón, del INAEM, y del Ministerio de Fomento, fue instalado en el edificio una hospedería y un restaurante. También se encuentra allí la oficina de información que, entre otras cosas, ofrece visitas guiadas.



         Lo que se encuentra en ruinas es la iglesia y es en ella donde se centra la atención de los que reclaman su recuperación, habiendo sido objeto de interpelaciones en las Cortes de Aragón y en el Senado.

         Se ha llegado a acusar al Gobierno de Aragón de dejadez, especialmente cuando, tras la aprobación den 2011 de un proyecto para su consolidación urgente, terminó siendo abandonado.



         Así se llegó al estado que ahora presenta, con el derrumbe prácticamente total de sus cubiertas. Por ese motivo fue incluida en la Lista Roja, aunque posteriormente la situación ha cambiado.




         En 2017, a requerimiento del Ayuntamiento, la Diputación Provincial de Zaragoza, aprobó una ayuda de urgencia de 175.000 euros, procedentes de los fondos FEDER, para instalar una cubierta provisional en el templo. La obra, realizada según proyecto de CGN arquitectos ha contribuido a proteger lo que queda del monumento hasta que se decida su restauración.


         En la parte posterior del convento se encuentra el Jardín de la Cuatro Culturas, al que por su interés dedicaremos otro artículo.






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