domingo, 24 de marzo de 2024

Un certamen dedicado a la Virgen de Veruela

 

         Desde 1862 existe en Lérida una entidad que, con el nombre de Academia Bibliográfica Mariana, tiene como objetivo fundamental promover la devoción a la Virgen María. Hay que tener en cuenta que esta iniciativa, promovida por mosén Josep María Escolá, surgió poco después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (1854).



         Precisamente, un gran lienzo de la Inmaculada preside su Salón de Actos, con el lema “Todo por María” y la Virgen es también la titular de la capilla de esta importante institución, que sigue activa en la actualidad.

 

         Cada año, en el Salón de Actos se celebra un certamen literario dedicado, en cada ocasión a una advocación mariana diferente. El de 1917, tuvo como protagonista a la Virgen de Veruela.

 

         Ahora, acabamos de conseguir la obra en la que fueron publicados todos los trabajos galardonados en la sección literaria, poesía y prosa, aunque también hubo premios para la Pintura y la Música. El libro, de 120 páginas, fue publicado en la Imprenta Mariana de la propia Academia y el ejemplar que hemos conseguido procede de la biblioteca del monasterio cisterciense de Viaceli, en realidad una abadía trapense situada en la localidad cántabra de Cobreces. Creemos que su adquisición ha supuesto una importante incorporación a nuestros fondos.

 

         Por estar dedicado la Virgen venerada en un monasterio, vinculado a la Compañía de Jesús, fueron muchos los jesuitas que participaron en el certamen y la Flor Natural fue para el P. Florencio Zurbitu del colegio del Salvador de Zaragoza.

         Pero, con diversos accésits, fueron galardonados otros nueve miembros de la comunidad de Veruela: En Poesía, los seis siguientes: P. Alejandro Paravano, P. Adolfo Esteller, P. José Monserrat y Altadill, P. Antonino Lamana, P. Ignacio Arnalot. En la sección de Prosa obtuvieron sendos premios tres destacados jesuitas de esa comunidad: El P. José María Mundó, el P. José Puig y el P. Antonio M. Ennis. En este apartado también fue concedido un accésit a los “Hermanos Retóricos” (novicios).

         Como cosa curiosa cabe destacar que uno de los premios de la sección de Poesía fue concedido a D. Emiliano Domínguez Irache, párroco de Alcalá de Moncayo, por las jotas que había presentado.

         No queremos dejar de destacar que, en todos los casos, los participantes de Veruela se identificaban como “Monasterio de Veruela. Zaragoza-Borja” o “Monasterio de Veruela. Borja (Zaragoza)”, dado que durante toda la permanencia de los jesuitas en el monasterio su vinculación con nuestra ciudad fue muy estrecha. Su teléfono era un número de la central de Borja y desde aquí les era enviada la correspondencia.

 

         En el momento de la celebración del certamen era obispo de Lérida D. José Miralles y Sbert (1860-1947), desde 1914. Fue luego obispo coadjutor de Barcelona (1925), sucediendo a su titular al año siguiente. En 1930 fue nombrado obispo de Mallorca y, a título personal, arzobispo de Beroë. Falleció en esa sede en 1947.

         El prelado no pudo estar presente en el certamen, por encontrarse en visita pastoral, por otros lugares de la diócesis, pero envió un discurso que fue leído en la sesión inaugural.

         Al revisar su biografía, hemos encontrado algunos comentarios críticos con su actuación durante la posguerra, algunos de los cuales proceden de sectores catalanistas, llegando a afirmar que hacía gala de su españolismo, poniendo como ejemplo el retrato que reproducimos. Lo que ocurre es que lo que ignoraban sus críticos es que la banda que cruza su pecho con los colores nacionales, es la correspondiente a la Gran Cruz del Mérito Naval, con la placa a la derecha, que le había sido concedida el 11 de noviembre de 1918, por S. M. el Rey, “por servicios especiales prestados a la Marina” y, por lo tanto, nada tenía que ver con la guerra, con la posguerra ni con el régimen surgido de ella.

 

         Como decíamos al inicio de este artículo, el certamen objeto del comentario, sigue celebrándose y, el pasado año, el Premio en Mariología le fue otorgado a Sor María Victoria Triviño, abadesa del convento de clarisas de Balaguer, con la que hemos compartido algunos momentos memorables.



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