sábado, 3 de septiembre de 2022

Lo que quedó de Moncín

 

         Moncín fue una isla de verdor en el paraje desolado que rodeaba al Santuario de Misericordia antes de que fuera repoblado. Hasta allí llegaban los paseos que discurrían por un camino sobre el que, mucho más tarde, se trazó la carretera a El Buste. Hemos recuperado esta imagen ya que en un futuro próximo el paisaje será muy similar al que refleja la postal.


         No hace mucho el grupo de naturalistas de nuestra ciudad recorrían con el Dr. D. Isidro Aguilera esta zona en la que se encuentra la cueva de Moncín, inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Mundial y, ahora, hemos querido conocer cómo ha quedado Moncín tras el incendio.




         El recorrido hasta allí ya ofrecía un aspecto desolador y nos imaginábamos que, cuando sean eliminados los árboles quemados volveremos a ver esos pedregales de antaño y es posible que las lluvias arrastren la capa de tierra fértil.






         Por comparar la situación anterior con la actual, reproducimos las imágenes de la pequeña casa que allí había y en cuyo entorno crecían plantas que llamaron la atención de José Luis Garde. Nada de ello ha quedado.





         Así están ahora las fuentes de Moncín. Es cierto que el proceso de deterioro de ese ámbito hace tiempo que se inició y el agua ya no caía por aquellos caños que cantó Marcos Zapata, por causas de todos conocidas. Pero, ahora el aspecto es desolador hasta con una tosca alambrada cerrando el paso a la emblemática fuente.




Algunos de sus edificios ya estaban abandonados y en ruinas. Alcanzados ahora por las llamas, su aspecto es aún más desolador, aunque otros se salvaron, a pesar de que el fuego llegó hasta sus puertas.



         Ante estas imágenes es muy difícil sentirse optimista respecto a una pronta recuperación. Se requeriría un esfuerzo ingente que, en las circunstancias actuales, es muy improbable que se realice. Los numerosos incendios que ha habido en la provincia este verano y las extensas zonas calcinadas hacen sumamente problemático el que las distintas administraciones asuman la recuperación de todas ellas. ¿Será el Santuario una excepción? Es posible, aunque las declaraciones de un inefable Director General en los difíciles momentos de la tragedia, cuando establecía el orden de prioridades, primando la salvación del Moncayo frente a otros bosques de menor interés, nos hacen ponerlo en duda. Que conste que, hasta ahora, no hemos publicado el más mínimo comentario crítico sobre la conducción de la crisis pues creemos que deben ser los especialistas los que valoren si la extensión de las llamas sólo es achacable al fuerte viento reinante aquel día…








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