D. Antonio Miguel Sierra nos ha enviado, desde Gallur, imágenes de las obras (arreglos las denomina) efectuados en su iglesia parroquial. Entre ellas se encuentra la reubicación de la pila bautismal, que ha vuelto a su emplazamiento original.
Hasta mediados de la década de los años
60 del pasado siglo estuvo en el baptisterio, situado a los pies de la nave del
templo (junto a la entrada del coro), siendo trasladada a la capilla del Sagrado
Corazón de Jesús y, hacia 1993, al propio presbiterio. Sin embargo, esa itinerancia no fue casual, sino que respondía a
los cambios introducidos en la liturgia sacramental dentro de aquella reforma inspirada
en el llamado “espíritu conciliar”.
Como Sacramento de iniciación y por ser
el que da acceso a la comunidad cristiana, hubo una época en que su celebración
tenía lugar en unos baptisterios, separados de los templos, de los que nos han
quedado ejemplos admirables, como el de la catedral de Florencia, de planta
poligonal, situado frente a la fachada principal.
Entre nosotros, para destacar ese
significado, lo habitual es que, cuando era posible, las pilas bautismales se
situaran en lugares como el claustro, como ocurría en Borja, desde el que
fueron trasladadas a una capilla de la nave, tras el concilio y, posteriormente,
comenzó a ser utilizada una pila portátil que se llevaba al presbiterio.
Curiosamente, y tal como ocurre con
otras muchas cuestiones, los documentos de la reforma litúrgica no fueron
demasiado explícitos al tratar de esta cuestión. En el primer documento publicado,
que fue la instrucción Inter Oecumenici, en su apartado 99, indicaba que
el lugar para la celebración del Bautismo, debía ser un lugar que mostrara la
dignidad del Sacramento, no bastando un rincón improvisado de la iglesia. Comoquiera
que, en muchos lugares, la pila se encontraba en pequeñas capillas (cubículos
en ocasiones) se interpretó que no resultaban aptas para el fin pretendido y se
decidió llevarlas al presbiterio o reemplazar las pilas fijas por otras móviles.
Comoquiera que la Inter Oecumenici insistió en que el lugar fuera apto para las celebraciones comunitarias, ello reforzó la opinión de celebrar el Sacramento en lugares despejados que, además, favorecieran los Bautizos múltiples en determinadas fechas, especialmente en la Vigilia Pascual.
Los antiguos baptisterios terminaron
convertidos en almacenes o en capillas de otras advocaciones, En el de Borja se
situó a San Judas Tadeo, antes de que fuera derrumbado con motivo de las obras
de recuperación del claustro medieval.
En Gallur, como nos indican, se ha
optado por recuperar su antiguo emplazamiento, recolocando en el presbiterio el
ambón que allí había, aunque en las reformas litúrgicas no se preveían más
elementos que el altar, como eje, la sede para que el que preside la celebración,
y un único ambón para la proclamación de la Palabra.
Otra actuación llevada a cabo en este
templo, que visitaremos hoy, ha sido la limpieza de los rostros de las imágenes
de San Pablo y San Francisco Javier que flanquean el retablo mayor. De ello se
ha encargado el restaurador gallurano Miguel Ángel Agoiz Gómez, que ha retirado
los retoques pictóricos acumulados a través de los años, devolviendo a las
imágenes su expresión original.
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