sábado, 16 de abril de 2022

Visitas a los monumentos

 

         Con el nombre de “monumento” se designa a la instalación efímera en la que, en la tarde del Jueves Santo se reserva el Santísimo Sacramento, para poder distribuir la Comunión el día de Viernes Santo, único del año en el que no se celebra la Eucaristía.

         El centro del monumento es el arca en el que se deposita el Cuerpo de Cristo, entre profusión de luces y de flores, aunque su diseño ha ido modificándose sensiblemente en los últimos tiempos, perdiendo buena parte del esplendor con el que eran realizados antes de las reformas conciliares.




         El culto al Santísimo Sacramento adquirió especial relevancia tras el concilio de Trento y fue entonces cuando comenzaron a construirse estos monumentos, concebidos como auténticas obras de arquitectura efímera y estructura similar a la de los escenarios teatrales. Aún se conservan en Aragón varios ejemplos, entre ellos el de Biscarrués, del que se hacía eco ayer la prensa regional, o el de Ibdes, al que corresponde la última foto.



         Pero también existieron en nuestra comarca y en Ambel se conservan algunas de las “bambalinas” pintadas que lo formaban. Las “descubrimos” hace muchos años en una visita realizada por el recordado párroco D. Juan Pelarda y siempre hemos considerado necesario el proceder a su restauración, dada la “rareza” de este tipo de obras.


         Antes de las reformas conciliares, los monumentos se instalaban en el altar mayor, de donde pasaron a una capilla lateral. En Borja los había en todos los templos. Esta imagen corresponde al de la iglesia de Santo Domingo, pero los hemos conocido en Santa María, San Bartolomé, San Miguel, el Hospital, Santa Clara y la Concepción. En total siete monumentos que eran “visitados” por los fieles desde la tarde del Jueves Santo hasta el mediodía del Viernes Santo. En la mañana de este día lo hacía la corporación municipal en pleno.


         La procesión del Jueves Santo que también los recorría, sigue deteniéndose ante el convento de Santa Clara y el de la Concepción, así como en la iglesia de San Bartolomé, aunque en ella ya no hay monumento, pero se mantiene vivo su recuerdo, gracias al entusiasmo de la cofradía de la que es titular ese Apóstol.




         Les acompañamos en la visita efectuada al monumento de Santa Clara, ante el cual el párroco D. José María Sánchez Becerril oró y pronunció una sentida monición. Para muchos que consideran los desfiles procesionales de la Semana Santa como meras manifestaciones folklóricas es preciso recordar que también constituyen una expresión de la religiosidad popular y que, tras ellos, hay también momentos como el vivido en Santa Clara en el que los representantes de todas las cofradías se sumaban a la Adoración Eucarística. Podrá argüirse que es algo impuesto por las circunstancias y que no va acompañado de una práctica religiosa habitual, pero eso es algo que necesita ser fomentado por quienes tienen competencias para ello y lo cierto es que, en muchos lugares de España, el movimiento cofrade está adquiriendo unas dimensiones que se extienden más allá de las fechas concretas de la Semana Santa.


         Por la noche, la Adoración Nocturna se reunió ante el monumento de Santa María para celebrar una Vigilia Extraordinaria que, como es lógico, adquiere un significado muy especial en un día en el que se recuerda la institución del Sacramento de la Eucaristía por Jesucristo, en el transcurso de la Última Cena.



        En el silencio de la nave, todo estaba dispuesto para la ceremonia del Entierro de Cristo, en la tarde del Viernes Santo, a la que haremos referencia en otra crónica.

 








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