martes, 13 de junio de 2023

El Corpus Christi en Borja

 

         La solemnidad del Corpus Christi es una de las más importantes del año litúrgico. Los de más edad recordamos cuando se celebraba en uno de esos jueves que “relucen más que el sol”. El jueves ha quedado reservado para determinadas ciudades como Daroca o Toledo donde adquiere especial relevancia. En Borja, como en el resto de las localidades españolas lo celebramos el pasado domingo.


         Tras la celebración de la Eucaristía en la colegiata de Santa María, con asistencia de los niños de Primera Comunión, el párroco D. José María Sánchez Becerril colocó el viril en la custodia de la carroza en la que se iba a hacer patente en las calles de nuestra ciudad la presencia real de Cristo, lo que confiere a esta procesión un carácter radicalmente diferente al resto de las procesiones.

 


         Siguiendo la tradición, abrían el cortejo la comparsa de Gigantes y Cabezudos, con las dos últimas incorporaciones en el caso de los gigantes.

 



         Estaban presentes las banderas y estandartes de todas las cofradías y asociaciones religiosas de Borja, así como el pendón de la ciudad que, en esta ocasión, era portado por un concejal diferente al que, habitualmente, suele llevarlo (siempre el de menor edad presente).

 



         Delante del Santísimo iban los niños y niñas de Primera Comunión portando canastillas con pétalos de rosas que arrojaban al paso de la procesión.

 



         Mientras hubo un número suficiente de sacerdotes, la custodia era llevada a hombros por cuatro de ellos, efectuando paradas en tres altares instalados en el recorrido (plaza del Mercado, plaza del Olmo y plaza de San Francisco), desde donde se procedía a la bendición solemne. Ahora, la custodia marcha sobre una peana con ruedas, al cuidado de cuatro laicos.

 

Tras la corporación municipal, en la que hubo ausencias significativas, mientras algunos de sus miembros lucían por última vez las bandas que acreditaban su condición, desfiló la Agrupación Musical Borjana con sus nuevos uniformes.

 


         De esta forma, la procesión regresó a Santa María, donde tras ser retirada la custodia de su peana, el párroco procedió a bendecir solemnemente, con ella, a todos los presentes.



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