sábado, 24 de junio de 2023

La vara y el bastón de los alcaldes

 

         En días pasados en los que han tomado posesión los cargos electos de las nuevas corporaciones municipales han cobrado actualidad determinadas cuestiones de protocolo, relacionadas con la forma de celebrar el acto y sobre los símbolos personales que distinguen a los elegidos.

         Hoy queremos centrarnos en el bastón que usan los alcaldes que es el principal distintivo de su condición, por encima de cualquier otro.

         Tiene su origen en la vara que, como símbolo de autoridad, usaron los Justicias desde época medieval. En este sentido, conviene recordar que, en Borja, fue Fernando el Católico quien, a la vara que usaban les concedió el uso de bandas de color grana, a las que nos referiremos otro día.



         Fue en el siglo XIX cuando las antiguas varas comenzaron a ser sustituidas por bastones, que también usaron las autoridades militare y hasta las eclesiásticas. Recientemente, vimos en Mallén al coronel del regimiento de Caballería España nº 11, portando el bastón que acredita su mando.

 



   
      Esos bastones pueden ser elaborados con diferentes materiales (madera o caña) y nada hay regulado sobre su empuñadura metálica que adopta múltiples variantes y, en muchos casos, lleva las armas del municipio. Pero lo que distingue a los bastones son las características de las dos borlas o “bellotas” que penden bajo la empuñadura. En el caso de los alcaldes son de oro y negro, aunque puede variar su trenzado




         La forma de llevar el bastón, en los momentos en los que se usa, es empuñándolo con la mano derecha, generalmente apoyada en el pomo, como si de un bastón normal se tratara, o elevándolo ligeramente por debajo del pomo. A nuestros lectores puede llamarles la atención el que los alcaldes representados en las fotos anteriores no lleven banda. Explicaremos las razones en otro artículo.

 

         Las autoridades militares llevan el bastón en la mano izquierda, dado que, con la derecha, tienen que saludar a las fuerzas que les rinden honores, como puede verse en esta fotografía en la que junto al Capitán General aparece el Alcalde con su vara en la derecha.



         Es cierto que el entusiasmo de algunos alcaldes en el momento de ser proclamados les lleva a efectuar gestos tales como mostrar la vara o empuñarla, incluso invertida, como se ve en la segunda imagen. Pero, fuera de esas efusiones en parte justificables, seguir mostrando el bastón en los desfiles o no utilizarlo como lo que es, constituye una incorrección.

 

         También está presente en el recuerdo de todos, aquellas imágenes de determinados alcaldes esgrimiendo sus bastones como si de armas se trataran.


         Pero lo que viene suscitando una gran polémica entre los auténticos expertos en protocolo es la arraigada costumbre de hacer entrega al Rey del bastón de Alcalde, cuando visita una localidad.

 

         En opinión de quienes han estudiado con detenimiento este hecho, el bastón de Alcalde es su distintivo personal y, por lo tanto, indeclinable. En el Antiguo Régimen pudo tener justificación pues la autoridad del Alcalde o Justicia emanaba del monarca, pero, en los regímenes democráticos es fruto de la voluntad popular. Incluso en el caso primero hay ejemplos de que un Alcalde no cedía su vara al Rey, como puede verse en la conocida obra “El Alcalde de Zalamea”.

 



         En relación con esta cuestión hay curiosas y antiguas tradiciones en determinados municipios cuyos Alcaldes depositan sus varas ante el Santísimo Sacramento o imágenes religiosas. Entre los varios ejemplos, podemos mencionar el caso Sanlúcar de Barrameda cuyo Alcalde entrega la vara a la imagen del Nazareno por su condición de Alcalde Perpetuo de la localidad. También la recibe en San Sebastián su Patrón y en Gallur el Santísimo Sacramento, donde se deposita el día de Jueves Santo ante el monumento. A casos como los mencionados podríamos añadir los que tienen más una connotación teatral en determinados acontecimientos festivos y, además, relacionados con la realeza.

 

         Pero, fuera de esos casos, ceder el bastón a quien no tiene derecho a su uso, constituye un despropósito en el que incurren no sólo las autoridades ignorantes de estas cuestiones, sino incluso otras que tienen la obligación de conocerlas.

         En este sentido, un experto consultado mencionaba el caso del coronel de un regimiento que, por puro servilismo, hizo entrega de su bastón al Ministro de Defensa, cuando sabía perfectamente que un ministro no tiene reconocido el uso de bastón. No le faltó sino desprenderse de sus estrellas de coronel y colocárselas a aquel ministro que tan deseoso estaba de ascensos.



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